Arte

Materia sublime

  • Jason Martin presenta en el CAC Málaga una experiencia estética que arropa a quien la contempla y que bebe de la abstracción, el minimalismo y lo procesual

A mediados del siglo pasado, en pleno desarrollo de las corrientes abstractas, subjetivistas y expresionistas, Harold Rosenberg, en su texto Pintores americanos de acción (1952), asentó la idea de que la pintura y el espacio pictórico se habían convertido en un "campo de batalla" en el que se desarrollaban acciones y acontecimientos que calificaba como desgarrados (indudablemente alimentados por la desasosegante posguerra). Para el crítico norteamericano, el cuadro dejaba de ser una crónica para convertirse en escenario en el que el pintor desarrollaba una acción. No cabe duda que las obras de Jason Martin son el testigo de una acción o un acto: sus enormes superficies monócromas son la traducción del movimiento del pintor, quien va dejando su huella -la de sus grandes brochas- en la espesa y mordiente materia que acabará registrando ese movimiento en formas volumétricamente acanaladas, continuas y rítmicas. Por así decirlo, sus cuadros vienen a ser una especie de cartografía de la acción de pintar. Ahora bien, cuando Rosenberg acuñó ese concepto de pintura como espacio para la acción, siempre se refirió a un acto de carácter espontáneo, e incluso violento, en el que se tendía a la pérdida del control y la mesura. Martin, en cambio, hace un ejercicio pictórico poco espontáneo e inmediato, puesto que su acto de pintar parece corresponder a un meditado interés por componer el cuadro y conformar superficies rítmicas que vibren lumínicamente, buscando crear sensaciones -tan suspendidas como cambiantes- y estímulos sensitivos a la mirada del espectador, por lo que subyace ese afán por componer el cuadro o, cuanto menos, no plegarse a la aleatoriedad sino a la producción de efectos ópticos, incluso táctiles, propios de lo sinestésico (percibir una sensación por un sentido distinto).

Las sensaciones que produce podríamos considerarlas como sublimes, ya que los grandes formatos de sus piezas y su condición de pintura all-over -que copa toda la superficie- nos arropan y envuelven en la contemplación. Ante ellas se puede percibir el poder sugerente y la capacidad y potencia sensitiva de la materia moldeada que parece emerger casi como una fuerza de la naturaleza, casi como una magnitud inaprensible y variable, tanto como un inmenso mar embravecido.

Hemos de calificar a Martin como un pintor tan original como sincrético, esto es, de un modo novedoso -no sin ciertas dosis de ensimismamiento y esteticismo- amalgama influjos y rasgos propios de la abstracción, el minimalismo, lo procesual, el op art o el cinético. No obstante, la gran virtud de Martin consiste en que sólo con la untuosidad, maleabilidad del óleo y el movimiento que infringe, troca la materia en medio expresivo que provoca sensaciones en ocasiones verdaderamente sublimadoras.

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