Mediocre 'euroburger'

Brad Anderson estudió producción cinematográfica y obtuvo su primer reconocimiento en el Sundance Festival. La experiencia está demostrando que estas credenciales no presagian nada bueno. El señor Anderson no debutó mal con Próxima parada, Wonderland (1997).

No desmintió su interesante debut con la siguiente Session 9 (2002) en la que se deslizaba hacia el thriller en una caída libre que le llevó a la afectada, superficial y ambiciosa El maquinista (2004). La siguiente estación en este descenso, iniciado apenas su filmografía había levantado el vuelo, es la mediocre y rutinaria película que hoy comentamos.

Europudding, euroburger o euromacedonia, llámese como se quiera a esta multiproducción en la que participan España, Alemania, Reino Unido y Lituania, Transsiberian representa bastante bien el mal camino tomado por el cine europeo tanto en sus estrategias de convergencia como en las de competencia con el gigante americano. Así, disfrazándose de americanos con un puntito más realista y guarrote para que no se olvide que se trata de un producto europeo, dudo que se venza a los auténticos americanos y que se reconquiste al público europeo. Desde que en los años 80 se disolvió el público que apoyaba el cine de autor europeo y se fueron extinguiendo biológicamente las espléndidas generaciones de productores y realizadores que hicieron su gloria en las cuatro décadas que, por ponerles nombres y fechas, van del estreno de Roma città aperta en 1945 a Sacrificio y la muerte de Tarkovski en 1986, las cinematografías europeas siguen rumbos erráticos que oscilan -con la lógica excepción de alguna isla de talento- entre la mediocridad y la pedantería.

Transsiberian se apunta a lo primero, es decir a la mediocridad. Esta historia de intriga, amor y crimen en un tren parece mil veces vista. Y además no en un cine, sino en la televisión. ¿Quién popularizó la intriga recluida en un tren exótico y protagonizada por personajes dispares que se encuentran de pronto unidos por algún hecho terrible que es investigado sobre la marcha por un detective? ¿Fue Harry Hervey en 1931 con El expreso de Shangai, Graham Greene en 1932 con Expreso de Oriente, Agatha Christie en 1934 con Asesinato en el Orient Express, Ethel Lina White en 1936 con The Wheel Spins? Las cuatro novelas originaron estupendas películas firmadas por Von Sternberg, Paul Martin, Lumet y Hitchcock. No es éste el caso. El reparto, también multieuropeo, es un disparate que logra que todos los actores, algunos excelentes, estén por debajo de su registro.

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