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Memoria de Trotski, héroe y demonio

  • Cien años después de la Revolución Bolchevique, una polémica serie de televisión rompe el tabú y rescata en Rusia la figura del agitador soviético

Vanesa Ruiz,ano. Vanesa Ruiz,ano.

Vanesa Ruiz,ano. / JAVIER ALBIÑANA

Cien años después de la Revolución Bolchevique los rusos aún sienten un cosquilleo en la espalda cuando hablan de Lev Trotski, aunque una serie de televisión parece haber roto ese tabú. "Para unos es un héroe, para otros un demonio. Hace cien años los rusos no pudimos ponernos de acuerdo y nos vimos abocados a una guerra civil. Actualmente, seguimos sin compartir los mismos valores", asegura Oleg Malovichko, guionista de la serie Trotski, que ha rescatado del olvido al auténtico artífice de la victoria de los bolcheviques, tanto a la hora de tomar el poder en 1917 como al ganar la guerra contra los blancos en 1921.

Aunque los guionistas se han permitido no pocas licencias históricas, la serie aborda con crudeza los extraordinarios sucesos que cambiaron la historia de la humanidad y, en particular, la tensa relación entre la troika revolucionaria: Trotski, Lenin y Stalin. Algunos analistas criticaron la serie por mostrar a Trotski desde un prisma negativo, aduciendo que eso es lo que conviene al presidente ruso, Vladímir Putin, quien hizo todo lo posible para silenciar el centenario de la Revolución por miedo a su repetición. "Podemos entender sus motivos, pero nunca justificarlos. Trotski era un idealista, pero murió decepcionado porque entendió que con grandes crímenes no se puede cambiar el mundo", arguye el guionista.

Lev Davídovich Bronstein Trotski fue un agitador, ideólogo y gran orador, pero principalmente era un hombre de acción, lo que le convertía en el perfecto complemento para Lenin, aunque tuvieron numerosos encontronazos, ya que la ambición de ambos era irrefrenable. La serie muestra cómo Lenin le amenazó por intentar arrebatarle el control del partido, pero finalmente aceptó cohabitar con él después de que Trotski derrocara en solitario al Gobierno provisional sin apenas disparar un solo tiro. Además, contra todo pronóstico, Trotski le cedió voluntariamente el protagonismo en la victoria bolchevique y le allanó el camino para que asumiera la jefatura del Kremlin. "Lenin tiene razón. En Rusia el poder en manos de un judío no hubiera durado ni un mes. Dejar un dictador al mando de Rusia me liberó para llevar a cabo la revolución mundial", dice el personaje de Trotski.

El antisemitismo persiguió a Trotski desde el principio, una pesada carga de la que no se pudo librar, por más que él insistía en que "en el mundo que vamos a crear todos seremos iguales, rusos y judíos". Su exilio en México (1937-40) juega un papel muy importante en el relato, ya que la entrevista en su casa de Coyoacán con un periodista llamado Frank Jackson, seudónimo del español Ramón Mercader, le sirve de excusa para contar su vida y hacer frente a los fantasmas de su pasado. Para empezar ,revela que el apodo lo tomó prestado del jefe de la cárcel zarista de Odessa en la que estuvo encerrado en 1898, Nikolái Trotski. "A la gente sólo se le puede controlar con el miedo. El miedo está en los cimientos de cualquier orden", le dijo en una ocasión, lección que él aplicará durante la guerra civil cuando comandó el Ejército Rojo.

Apócrifa o no, cuenta la leyenda que Stalin -al que llamaba por su apodo, Koba- era un gran admirador de los escritos de Trotski, pero que se enemistó con él cuando éste le negó el saludo al término de una reunión del partido. "Stalin es el monstruo que creó Trotski al desatar la revolución y que acabó por comérselo a él mismo", explica el guionista. En los últimos años de su vida Lenin entendió que Stalin, al que consideraba "corto de miras", no respetaría el legado de la Revolución y conspiró con Trotski para apartarlo del poder. Por desgracia, el plan llegó a oídos de Stalin, lo que coincidió con el repentino empeoramiento de la salud de Lenin, cúmulo de circunstancias que condenaron a Trotski, que sería expulsado de la URSS en 1929.

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