Arte

Mirada que no visión

  • La reordenación temática de la colección permanente del Museo Picasso Málaga trabaja con la sugerencia y el indicio como detonantes de los relatos y relaciones

Con esta nueva mirada, el Museo Picasso nos invita a acercarnos a su colección recientemente ampliada y cuyas últimas adquisiciones se integran, en parte, en esta nueva estructuración, hasta tal extremo que han sido estos ingresos la razón de la reordenación. El museo mantenía desde su inauguración (octubre de 2003) un discurso expositivo que ahora, en apenas tres meses, se variará por dos veces para dar cabida en dos fases (en julio será la segunda) a casi la totalidad de la adquisición, en gran medida obra sobre papel y gráfica. Imaginamos que con posterioridad volverá a variarse para atisbar un discurso más duradero, toda vez que se haya superado ese carácter de eventual marco de presentación de las nuevas obras que parece haber tomado el espacio de la colección y el sentido de la misma. Apresúrense, pues, a mirar esta mirada porque no sólo será nueva sino también corta.

Lo que persigue Una nueva mirada es configurar la diversidad temática como medio o vía para el conocimiento de la obra picassiana. Los temas o aspectos que se quieren destacar ocupan cada una de las once salas dispuestas para la colección, apareciendo como elementos sobre los que el artista retorna continuamente y reformula bajo distintos y nuevos lenguajes o los vehicula, en clave sincrónica, como testigos y documentos, tanto de las contingencias históricas como de las personales. Sin embargo, esto es algo implícito en la obra de Picasso y que se puede percibir en cualquier conjunto sin necesidad de ser muy numeroso, ya que es multirreferencial, ofrece distintos registros de información que van desde lo meramente estilístico y formal a otros como lo temático, los préstamos iconográficos o los diálogos con los maestros y con la propia historia del arte como inexcusable yacimiento. Quiere esto decir que casi cualquier pieza picassiana, sea por el llamado sentido de la permanencia de los temas -piénsese en la Antigüedad o la tauromaquia, acompañantes desde la infancia-, por un carácter arqueológico -retoma y adapta imágenes, innovaciones o iconotipos de otros momentos-, o por el trasvase y contaminación entre disciplinas, siempre se conformará como un objeto de múltiples prismas que, a su vez, nos va a remitir irremediablemente a otros periodos, estilos o tratamientos técnicos de los temas tópicos de su creación. Cuestión distinta es que se haga por fortalecer, o simplemente explicitar, contextos; que se inste a contraposiciones y diálogos que vengan a hacerlos manifiestos y no solamente latentes o intuidos. Esto parece ser que es lo que se anhela con ésta y con las venideras ordenaciones: una mirada que multiplique miradas.

Pero también, con ello, se corre el riesgo de querer hacer partícipe al espectador de asuntos, parcelas y debates que exceden los materiales expuestos y sobre los que se pretende remitir, en ocasiones, tal vez de un modo forzado. Se trabaja, por tanto, con la sugerencia y el indicio como detonantes de relatos y relaciones en ocasiones inadvertidas y en otras muy evidentes. Dicho sea de paso, las sugerencias e indicios no todo espectador puede desarrollarlas hasta originar relatos, aunque eso es propio de una nueva museografía preocupada por no exponer relatos finitos, pretéritos y unívocos, sino invitar al visitante a que él los desarrolle. En este sentido, y nunca mejor dicho, se ofrecen miradas y no visiones, es decir, debemos distinguir la acción de mirar, de enfocar la vista, de la más trascendental de conocer a través de la visión.

Con este nuevo itinerario la visita es más dinámica gracias en parte a los nuevos materiales que emplea, como audiovisuales y algún documento ajeno que sirve para contextualizar piezas, aunque también algunas salas, por la homogeneidad y reiteración, la hacen leve o la aligeran, como las dedicadas a una demasiado numerosa presentación de la Suite 347 y de 156 gravures. La nueva ordenación suma un aspecto hasta ahora no bien precisado en el museo malagueño, como es el Picasso del compromiso político -deudor del Reina Sofía-, y que con muy pocos elementos (una Maar plañidera, una de las dos estampas de Sueño y mentira de Franco y la reproducción de una viñeta como frontispicio en una obra de Bergamín) pretende, tal vez de un modo excesivo, aludir a esa vis comprometida del genio teniendo como hitos la dirección honorífica de El Prado en la II República, la salvaguarda del patrimonio, el pabellón de 1937 en París y, por tanto, Guernica. El cubismo y sus entornos se han visto reforzados con algunas piezas y se ha pretendido insertar referencias, mediante unas Tres Gracias de 1923 -demasiado extemporáneo-, a un clasicismo que junto al primitivismo (lo íbero e Ingres flotan en el ambiente parisino de 1904-06) alimentan las innovaciones formales y el recorrido hasta llegar al cubismo -aquí la etapa de Gósol es fundamental-. Asimismo, se hace un esfuerzo por hacer evidente el diálogo, o al menos la cita, con los grandes maestros de la historia del arte y con iconotipos de la tradición hispana; la alusión a los estudios del genio, que condensan relatos prodigiosos, como puede ser la realización de Guernica en el mismo espacio en el que Balzac ambienta La obra maestra desconocida y que ilustraría Picasso, extraordinarias estampas que se suman ahora en esta nueva mirada.

Estos nuevos aportes a la colección, a los que se atiende en esta ordenación, motiva por el contrario que hayan desaparecido (temporalmente) piezas muy significativas, especialmente escultóricas y en relación al Picasso surrealista, al Picasso posterior a Guernica y al último Picasso -el viejo salvaje-, ámbitos que considero los más genuinos de la institución malagueña y que ofrecen la visión de un artista que seguía aportando al curso de la historia del arte.

Nueva ordenación de la colección del MPM Museo Picasso Málaga C/ San Agustín, 8. Málaga

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