Mitología reducida a almanaque de bomberos y bisutería digital

EEUU, 2011, Acción, fantasía. 111 min. Dirección: Tarsem Singh. Guión: Charley Parlapanides y Vlas Parlapanides. Producción: Mark Canton, Ryan Kavanaugh y Gianni Nunnari. Música: Trevor Morris. Fotografía: Brendan Galvin. Montaje: Stuart Levy y Wyatt Jones. Diseño de producción: Tom Foden. Vestuario: Eiko Ishird. Intérpretes: Henry Cavill, Mickey Rourke, Freida Pinto, Luke Evans, Kellan Lutz, Isabel Lucas, John Hurt, Stephen Dorff, Daniel Sharman, Joseph Morgan, Peter Stebbings. Cines: Vialia, Plaza Mayor, Málaga Nostrum, Rincón de la Victoria, Miramar, El Ingenio, La Verónica, La Cañada y Gran Marbella

Si se pudieran imaginar unas nupcias infernales entre el Satiricón de Fellini y 300, con el añadido de cómics, videoclips, videojuegos, peplums de los años 50, tableaux vivants inspirados en la pintura pompier historicista y toda la plata genuina o la más vulgar quincallería mitológica que se pudiera encontrar, saldría algo parecido a Inmortals. Estupidez hipermusculada, diseño hipertrofiado, imagen hipercomputerizada… Y lo que es peor: con pretensiones artísticas.

Cada época se relaciona con los mitos clásicos de acuerdo con su talla. En " los jirones de algunos mitos, con Teseo e Hiperión como figuras centrales, son reducidos a la medida de lo más enano de nuestros días: la confusión entre habilidad y creatividad, entre técnica e inspiración, entre publicidad, videojuegos o videoclips y arte, entre ruido (visual y sonoro) y espectacularidad, entre abigarramiento kitsch y originalidad.

Muñecos sin vida en un mundo sin alma parido en su mayor parte por un ordenador, manejado por un realizador de videoclips y anuncios que se pasó al largometraje (La celda, The Fall: El sueño de Alejandría) como si una película fuera una suma de videoclips o un anuncio inflado hasta sobrepasar los 90 minutos; recargado, barroco y kitsch como sólo un indio puede serlo. Los únicos destellos de creatividad y belleza son préstamos tomados de la obra maestra felliniana. Todo lo demás es bisutería digital.

Es significativo que el musculoso intérprete provenga de ese engendro televisivo llamado Los Tudor, otra pieza de los nuevos seriales históricos de catre y trono que convierten cualquier episodio histórico en una Pasión de gavilanes con falditas, corazas o calzas.

De la misma forma que Inmortals funde la estética de las portadas de los discos de Jimmy Hendrix o Carlos Santana con los almanaques de bomberos, los videojuegos, la publicidad y la épica digital.

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