Muere a los 64 años El Pana, último bohemio del toreo

  • Su personalidad aunaba clasicismo añejo y una dosis de excentricidad que no dejaba indiferente

Rodolfo Rodríguez El Pana, nacido el 22 de febrero de 1952 en Apizaco (México), ha fallecido en el Hospital Civil de Guadalajara tras más de un mes hospitalizado a causa de las complicaciones derivadas de una cogida terrible el pasado 1 de mayo en la plaza de toros mexicana de Lerdo, que le había dejado tetrapléjico; sufriendo en los últimos días varios fallos cardiacos y una neumonía.

El Pana debutó el 4 de agosto de 1978. Un año más tarde tomó la alternativa en La México, el 18 de marzo de 1979, apadrinado por Mariano Ramos y con Curro Leal de testigo, con toros de Campo Alegre. Antes de dedicarse al toreo, había ejercido como campesino, panadero, paracaidista y sepulturero. Como diestro no tenía término medio: o actuación inspirada de gran éxito o petardo con bronca. Fue en los últimos años cuando a este catedrático de la calle le reconocieron su personalidad especial, aunando clasicismo añejo con una gran dosis de excentricidad. El 30 de noviembre de 1981 se dejó su primer toro vivo en La México. Ese día hizo el paseíllo con guantes blancos, que más tarde se desprendió en actitud teatral. Esas extravagancias, con un toreo que a veces rayaba en lo bufo, despertó la controversiaa y nunca provocó indiferencia. Además, fue creador de varias suertes, entre ellas la adelita, la rielera, la rodolfina, la tlaxcalteca, el quite del sueño y el quite del clavel.

El Pana, que debía su apodo a los tiempos en los que trabajó como panadero, se transformaba cuando se enfundaba el traje de luces, acompañado de un puro tanto en el desfile como cuando se encontraba en el callejón.

El denominado Brujo de Apizaco se convirtió en un referente como torero, construyéndose una imagen fuera del mismo de hombre pensador y solitario, admitiendo sin tapujos su inclinación al alcohol y a los burdeles.

En su dilatadísima carrera -treinta y siete años de alternativa- fue un guadiana, con despedidas y retornos.

La plaza donde cosechó sus mayores éxitos fue la Monumental de México. Entre ellas se recuerda especialmente la del 7 de enero de 2007, que en principio era la de su despedida definitiva de los ruedos mexicanos; pero fue tal el éxito ante dos inspiradas faenas (la segunda de ellas premiada con las dos orejas) que El Pana, fiel a su impredecible manera de ser y de actuar, decidió seguir en activo.

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