Muerte y resurrección

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Zarzuela en tres actos de Manuel Fernández Caballero. Teatro Cervantes de Málaga. Fecha: 3 de junio de 2011. Orquesta Filarmónica de Málaga y coro de Ópera de Málaga. Reparto: María Rodríguez, Ruth Rosique, María Lourdes Benítez, Alejandro Roy, Juan Manuel Corado, Francisco Sánchez. Aforo: casi lleno.

Con la recuperación de La Marsellesa, zarzuela escrita por Manuel Fernández Caballero, cierra este fin de semana la vigésimo segunda temporada lírica del Teatro Cervantes, cuya programación ha logrado conjugar con acierto la recreación de lo conocido con una enriquecedora labor de investigación. Así, a los títulos habituales del repertorio, como el Così fan tutte, de Mozart, o La voix humane, de Poulenc, se han incorporado a la programación obras mucho menos conocidas o ignoradas, como Il segreto di susanna de Wolf-Ferrari o esta Marsellesa.

El Teatro Cervantes, la Ópera Cómica de Madrid y el Coro de la Ópera de Málaga han querido rescatar con esta coproducción -la más ambiciosa de esta temporada- uno de las grandes obras de nuestro teatro lírico. Se da, además, la circunstancia de que esta zarzuela, estrenada con gran éxito en 1876, fue representada ya ese mismo año en el teatro malagueño; una fortuna inicial que derivó, sin embargo, en el más absoluto de los olvidos, hasta el punto de no haber sido interpretada en el último siglo, como señalaba en la presentación el director de escena, Francisco Matilla.

El libreto en verso de Miguel Ramos Carrión -adaptado para un formato más breve que el original- despliega en plena revolución francesa una trama de amor y celos en torno al compositor Rouget de L'isle, autor del famoso himno que da título a la zarzuela. Sin embargo, el episodio en cuestión va más allá del melodrama sentimental, y sirve en bandeja una interesante reflexión acerca del entrecruzamiento, a veces caprichoso, de las fuerzas de la historia y las vidas privadas de los hombres: patricios convertidos en supervivientes de la noche a la mañana por obra de la convulsión política y social de la revolución; o perdedores que dejan de serlo inopinadamente y ven cómo la inercia histórica propicia la resolución favorable de asuntos personales, cuyos motivos originarios, no siempre confesables, como el despecho, el resentimiento o la propia frustración, poco o nada tienen que ver con el movimiento universal que los acaba imponiendo.

Musicalmente, La Marsellesatiene algunas partes sobresalientes que justifican su recuperación, como el exquisito movimiento orquestal lento del segundo acto o el dúo de sopranos del tercero, así como las variaciones sobre el tema principal del archiconocido himno francés que abren cada acto, por mencionar sólo algunos de los más destacados.

Una vez más, Lorenzo Ramos demostró que le tiene cogida la medida a la orquesta y domina el terreno de la lírica. Aunque los solistas tuvieron una notable actuación, ocasionalmente se echó en falta algo de tensión dramática. Mayor reproche cabe hacerle quizás a un montaje que sustentaba gran parte del peso visual de la representación en la proyección de unas secuencias de video que resultaron fallidas.

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