El Museo Picasso abre una ventana al universo cotidiano del artista

  • 'Momentos y miradas. Picasso visto por Otero' exhibe 87 imágenes del legado del fotógrafo que el centro adquirió en 2005 · Las instantáneas muestran al malagueño en su taller, en los toros, con familia y amigos

Seguro que fueron muy pocos los que realmente llegaron a conocer a Picasso, los que supieron penetrar en la bulliciosa mente de un artista que nunca abandonó sus ansias de crear. Pero sí que hubo alguien que pudo ser testigo sigiloso de la faceta más privada del pintor malagueño. El fotógrafo argentino Roberto Otero labró con el genio una amistad entre 1962-1973 que le permitió entrar en su universo particular e inmortalizarlo a través de su objetivo. El Museo Picasso Málaga ha realizado la segunda selección de las instantáneas que conforman este legado que adquirió la pinacoteca en diciembre de 2005. En la muestra, que se inauguró ayer, se puede ver desde su faceta artística, hasta imágenes simpáticas y muy familiares.

Momentos y miradas. Picasso visto por Otero reúne en la sala de exposiciones temporales un total de 87 fotografías, la mayoría en blanco y negro, "que nos brindan la ocasión de sumergirnos en el día a día del genio", explicó ayer en la presentación la consejera de Cultura de la Junta, Rosa Torres. Del valioso legado documental, compuesto por más de 1.200 diapositivas y 1.500 fotografías en papel, además de negativos y otros documentos, se cuelgan por primera vez en el museo malagueño casi un centenar de piezas agrupadas según distintas temáticas.

El coleccionista Joseph H. Hirshhorn se despojó de su chaqueta, su pajarita, "y todo lo que llevaba en los bolsillos"-cuenta Bernardo Laniado-Romero, director del museo- por conseguir una escultura de Picasso. Ese momento lo captó la cámara de Otero, igual que las visitas del fotógrafo Edward Steichen, del escultor Carl Nesjar y del arquitecto William Hartmann, que le regaló un delantal a rayas que Picasso se colocó inmediatamente, según comenta una de las comisarias de la exposición, Sofía Díez.

Pero estas "historias" que transmiten "la tremenda actividad de Picasso, siempre estaba trabajando, recibiendo a gente, toda su vida fue así", sentencia Díez, también pasean por tardes de toros, por charlas animadas con su amigo Rafael Alberti y se detienen en la mirada orgullosa y maternal que le brinda su mujer, Jacqueline Roque, una imprescindible presencia callada. "Es una manera de acercarse a un malagueño universal no sólo por su obra sino también por sus momentos de intimidad", consideró Torres, satisfecha de haber conseguido "que en este museo se note cada vez más su presencia".

El lado humano es el elemento fundamental de esta exposición que se podrá ver hasta el 20 de agosto. Momentos y miradas muestra una selección bastante similar a la que se colgó en 2006 para presentar el archivo que se compró el año anterior. En esta ocasión, sobre una treintena de fotografías se dedican en exclusiva al estudio. "Es muy enriquecedor poder ver de cerca su lugar de trabajo, sus herramientas, y cómo presenta sus obras", subraya el director de la pinacoteca. Pero también se muestra a un hombre divertido que es capaz de posar en calzoncillos, en bata, con sombreros de toda clase y sin dejar atrás la mirada penetrante que le regalaba a su amigo Otero. "Mi hermano disfrutó mucho de esos diez años, se sintió parte de su familia", recordó ayer Angelina Otero. Además de visitar la muestra, el usuario que lo desee puede consultar este fondo en la biblioteca del centro desde principios de este año. Ya ha comenzado la catalogación del resto de documentos.

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