El Museo del Vidrio espera el informe de bomberos para abrir sus puertas

  • El historiador Gonzalo Fernández-Prieto lleva siete años intentando salvar una casa principal del siglo XVIII y alojar en ella un importante museo de artes decorativas · Se exhibirán más de 1.000 piezas

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Gonzalo Fernández-Prieto es un mecenas que quizás Málaga no se merece. Llegó a la ciudad y se enamoró de una casa principal del siglo XVIII a la que le esperaba la demolición. Él consideró que había que salvarla y de su propio bolsillo -sin ayuda institucional alguna- puso en pie un magnífico espacio que, además, va a ser el contenedor de un importante museo de artes decorativas en el que el cristal hace de hilo conductor. Más de 1.000 piezas se van a exponer en la antigua Posada de San Felipe Neri si todas las trabas que le han ido surgiendo en estos años se ponen alguna vez a su favor. El historiador está tan sólo a la espera del informe de bomberos para poder tener el permiso de habitabilidad por parte de la Gerencia de Urbanismo. Ya está llenando sus salas de contenido, aunque lo más delicado aún espera en sus embalajes.

"En cuanto me den el permiso podría abrir inmediatamente", afirma Fernández-Prieto, que sigue persiguiendo su sueño a pesar de estar "absolutamente desesperado". Este proyecto "me va a costar todo lo que tengo y más, un gran sacrificio que no ha sido un capricho de millonario, sino de entrega total", esgrime el promotor de esta iniciativa que, aunque aún no ha colocado todas las piezas ya explica el recorrido de la visita.

En la planta baja se podrán ver vidrieras prerrafaelistas y muebles arts & crafts. Junto al patio central, unas escaleras suben a la primera planta y unas grandes vitrinas, ahora con algunos libros en su parte superior, mostrarán cristales de épocas fenicia, griega, romana, medieval, bizantina y musulmana. La siguiente estancia está dedicada al siglo XVII. "Aquí podemos ver un cuadro de Honnemon, que fue retratista de la corte inglesa en el exilio", comenta Fernández-Prieto, que añade que "todos los cuadros están firmados y los muebles estampillados, todas las piezas están certificadas por Christie's, Sotheby's y Bonhams.

Otra de las habitaciones exhibe un mueble de Philipe Mercier, que llevó el rococó a Inglaterra, sillas italianas del XVIII, una vitrina holandesa de la misma época, igual que sillas de un famoso ebanista francés, Jacobs. Al siglo XIX le da la bienvenida una alfombra de la real Fábrica de Tapices "sobre la que se colocará una mesa con vajilla, cristalería y cubertería de la época", comenta el historiador. De este periodo también están ya colgados cuadros de Cartellini y de Rouzé. "Con estos lienzos me interesa mostrar quién usaba ese mueble y ese vidrio, y así se convierte en un recorrido por la moda y las costumbres de la alta sociedad", considera Fernández-Prieto. Desde la Primera Guerra Mundial a la Belle Époque y, posteriormente, la llegada de muebles semiindustriales, el recorrido terminará con una exposición de arte contemporáneo ruso, de la que el mecenas es gran coleccionista.

Pero no todo finalizará aquí. "Si sobrevivo a esto me gustaría reactivar la calle Chinchilla y que en ella se instalasen artesanos, ebanistas, cristaleros...", dice Gonzalo Fernández-Prieto, para el que éste es un proyecto "que quiere crear empleo".

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