El Museum Jorge Rando abre sus puertas como centro referente del expresionismo

  • La pinacoteca dedicada al pintor malagueño, ubicada junto al Convento de las Mercedarias en el Molinillo, celebró ayer su inauguración y recibirá al público a partir del 3 de junio

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Ha costado tiempo, dinero y mucho esfuerzo, pero ya está aquí. El Museum Jorge Rando celebró ayer su inauguración oficial en su sede del Molinillo, en el inmueble anexo al Convento de las Mercedarias, en un acto presidido por el alcalde, Francisco de la Torre (recién llegado de San Petersburgo, donde rubricó el martes el acuerdo para la constitución de la sede del Museo Estatal de la ciudad rusa en Tabacalera), y el propio pintor. Con una filosofía de absoluta afección en su entorno ("No queremos abrir las puertas, sino salir de ellas", dijo ayer Rando) y de puesta al servicio del arte expresionista, al que el mentor de la nueva pinacoteca ha consagrado su práctica del oficio, el museo nace ya con la aspiración, precisamente, de convertirse en centro referente del expresionismo en España y en Europa. Tras la puesta de largo de ayer, el equipamiento abrirá sus puertas el próximo 3 de junio tanto al público que quiera admirar las obras expuestas como a los artistas, estudiantes e investigadores que, de forma totalmente gratuita y accesible, quieran hacer uso de sus instalaciones y fondos.

La culminación que supone la apertura del museo se produce después de una inversión total del Ayuntamiento para la restauración del edificio en ruinas de 1.358.750 euros, a través del Instituto Municipal de la Vivienda; a esta cantidad se suman otros casi 400.000 euros aportados por la Fundación Jorge Rando (que a partir de ahora tiene su sede en el mismo museo) para la finalización de las obras, además de prácticamente otros tantos para la adecuación de los talleres, almacenes y otros gastos como la restauración de la capilla del Convento y hasta el sostenimiento de las monjas que residen en el mismo. Aquel viejo inmueble en descomposición se ha convertido en un espacio amplio y diáfano, en el que se combinan materiales pesados como el acero y el hormigón con la luz, una especial obsesión de Rando: "Desde el principio tenía claro que quería el protagonismo de la luz natural. Si para ello teníamos que quitar las paredes, estábamos decididos a quitarlas". El emplazamiento tiene como eje el antiguo patio, coronado por un mandarino plantado hace 140 años; y desde el mismo se filtra la luz que riega poderosa las diversas salas expositivas.

Jorge Rando, nacido en el barrio de la Victoria en 1941, ha ejercido de lobo solitario en su adscripción, casi sacerdotal, por el arte expresionista. Desde hace décadas, Rando vive al menos durante la mitad del año en Hamburgo, donde tiene su estudio y donde se relaciona con la mayor parte de sus coleccionistas; y allí, en Alemania, pudo dar rienda suelta a su querencia por un registro, el expresionista, que apenas ha logrado cundir en España: "En parte, que el expresionismo sea aquí una cuestión extraña se debe al aislamiento que España ha vivido respecto a Europa durante el siglo XX. Aunque el movimiento nació en el siglo XIX, la gran explosión del expresionismo llegó con la Primera Guerra Mundial, en la que no participó España", explicó ayer el pintor en un encuentro matinal con la prensa junto a la concejal del Distrito Centro, Gema del Corral. Eso sí, el pintor no dudó en situar en las raíces del expresionismo "a Goya, desde luego, y hasta a El Greco; luego llegó Picasso, que lo devoró todo". La institución de un museo expresionista en Málaga, dedicado no sólo al arte, también a la música, el cine, la literatura y el pensamiento, resulta ciertamente atípica (la primera opción barajada por Rando para instalar su museo fue Madrid, también por la facilidad que suponía para sus coleccionistas; pero el empeño de Diego Maldonado durante su etapa como concejal de Cultura resultó proverbial para hacerle cambiar de opinión), aunque también da cuenta del alcance cosmopolita de la ciudad.

Insiste Rando en que, más allá de las cuatro salas expositivas que actualmente exhiben un centenar largo de sus pinturas y esculturas (y que irán dando paso a otros artistas españoles y europeos partícipes de la poética expresionista), la vocación del museo es educativa: "Queremos que los niños vengan a aprender no cómo se pinta, sino cómo se admira y cómo se ama el arte". Y lo cierto es que más de sesenta centros educativos de Málaga han mostrado ya su interés en participar en los programas formativos del museo. Pero también están formalmente invitados los artistas "consagrados o aún en periodo de formación" que necesiten un espacio y los materiales necesarios para pintar y que no dispongan de los mismos en casa, así como los estudiantes universitarios que deseen consultar una de las bibliotecas más importantes de Europa en materia expresionista. "Si alguien viene a tomar un café, no se le cobrará entrada", señala Rando. He aquí, en suma, una sala de estar para el arte. A Málaga le corresponde estar a la altura.

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