Notable inicio con Ortiz

  • Buen comienzo del concierto inaugural de la temporada de conciertos · Antonio Ortíz junto a los maestros de la orquesta tradujeron la velada en rotundo éxito

Por fin la tan esperada temporada de conciertos de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). El trasiego de personas en la entrada del Teatro Cervantes sonaba a la expectación y los nervios que siempre causa la cita anual.

En este caso, las novedades se sumaban a todos los efectos. Por un lado, las obras de mejora que la escena y el foso han experimentado, y por otro, y más importante, tener una apertura de temporada con un solista malagueño.

Lo cierto es que comienzo mi crítica con mis más sinceras felicitaciones para los promotores de la iniciativa de poder contar con el pianista Antonio Ortiz. Todo un acontecimiento que, a riesgo de ser magnificado en exceso, se presenta como un interesante paso en la promoción de nuestros músicos.

La verdad que el enfrentarse al poco conocido Concierto nº 3 para piano y orquesta en mi bemol mayor, op. 75 de Tchaikovsky tiene mérito. Pese a que la partitura se presenta en un tiempo sólo, el ruso artículo este Allegro brillante a raíz del material de una sinfonía abandonada y con claros atisbos de virtuosismo.

Pero Ortiz, decidido y seguro desde el principio ,y enfrentándose a la incertidumbre y nervios de lo que la responsabilidad exigía, salió airoso en su interpretación. El uso equilibrado del pedal junto con una excelente técnica le llevó a desarrollar la partitura con naturalidad contenida. Siempre comunicativo con la batuta, supo llegar al momento más álgido con dignidad. Nos estamos refiriendo a la cadenza; verdadera pieza clave de este encantador puzzle donde las escalas se hacen presentes por doquier junto al famoso pasaje de los trinos.

Nada amedrentó a nuestro solista, en una portentosa exhibición de velocidad de dedos, para finalizar su actuación con dos piezas de regalo en respuesta a los notables aplausos recibidos.

La segunda parte se tornó sinfónica como suele ser costumbre. En nuestro caso, fue la Sinfonía Manfred en si menor, op. 58 de Tchaikovsky la encargada de comprobar el estado de salud, musicalmente hablando, de los maestros de la OFM.

Si bien el Lento lugubre del tiempo inicial se presentó bajo un tempo más pesante en la versión de Ceccato, los titubeos de afinación de los metales junto a su sonido algo áspero deslució su acometida de presentación. Afortunadamente, la pieza quedó equilibrada con la intervención de la cuerda en sordina junto a las maderas.

Sin embargo, el resto de tempi se realizó con calidad. Una progresión in crescendo donde la claridad en la definición de los temas junto a las precisas matizaciones de la batuta en el Andante con moto dejaron una buena impresión en el ambiente; y confiemos que también buenos presagios.

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