Libros La corrupción marbellí como material literario

Novela negra, carne de Malaya

  • Juan Cano y Héctor Barbotta firman 'La última gota', mirada en clave 'best seller'

Héctor Barbotta muestra reservas a la hora de admitir la influencia de Truman Capote en La última gota (Paréntesis). "Sí, es verdad que volvimos a leer A sangre fría cuando nos pusimos a escribir la novela, pero establecer una mínima comparación sería como decir que uno juega muy bien al fútbol porque le gusta Messi". Barbotta, nacido en San Isidro (provincia de Buenos Aires) sí admite a trámite el amparo de Rodolfo Walsh, escritor desaparecido bajo el gobierno militar argentino en 1977 e introductor del nuevo periodismo en Latinoamérica. Por su parte, Juan Cano, un garruchero que llegó a Málaga en 1999 para estudiar periodismo, recuerda, por si acaso, que Capote se dedicó durante seis años exclusivamente a investigar el crimen cuyas claves detalló en A sangre fría, "y nosotros hemos tenido que escribir nuestra novela en dos años mientras hacíamos otras muchas cosas". De cualquier forma, La última gota recrea la investigación que dio forma a la Operación Malaya y que destapó el caso de corrupción más sonoro de la Transición, con una consecuencia inédita: la disolución de un Ayuntamiento.

Barbotta y Cano siguieron a fondo los pormenores del caso destapado en Marbella durante cuatro años como redactores del Diario Sur. En algún momento, con la vista perdida en alguno de los 120.000 folios que contenía el sumario del caso, la idea surgió casi sola: "Aquí hay una novela". Y así decidieron dedicar otros dos años a profundizar en la investigación para dar a cuerpo a una obra "que queríamos que fuera de género, una novela negra. Hemos adoptado una estructura muy cinematográfica, con capítulos breves; en el fondo, tenemos claro lo que nos gusta leer y hemos escrito en consecuencia", apunta Barbotta. Pero, ¿por qué una novela y no una crónica periodística al uso? Cano se explica: "Nuestra primera intención fue la de escribir la Biblia Malaya, en varios tomos. Es decir, contarlo absolutamente todo. Pero nos dimos cuenta de que eso se reducía, salvo los adornos, a reescribir el sumario. Conforme nos disponíamos a aligerar la cantidad de conversaciones transcritas y el volumen de información, nos dimos cuenta de que una novela nos permitía imprimir el ritmo que queríamos con más facilidad, evitar al lector momentos farragosos. Si cuentas una redada desde un enfoque periodístico, tienes que dar todos los datos; pero si lo haces como una novela, puedes poner la mirada donde más crees que pueda interesar al lector". Cano apunta, eso sí, que La última gota no es la novela de Malaya, porque el caso "daría para muchas novelas; sólo hemos tomado una historia y la hemos desarrollado con recursos propios de la ficción pero sin salir de la realidad".

Tras analizar las riquísimas categorías dramáticas de personajes como Juan Antonio Roca e Isabel García Marcos, cabe preguntar si la tabla rasa practicada en Marbella, con juicio inminente (cuya resolución no afectará a la trama de la novela), es suficiente o habrá nuevos episodios similares. Responde Barbotta: "Marbella debe hacer autocrítica, pero la cuestión es más amplia. El Estado tardó más de quince años en tomar cartas en el asunto, y sólo lo hizo cuando un juez de 33 años y dos policías sin mucha experiencia ordenaron las primeras investigaciones. La indefensión ha sido demasiada". Pero si hace falta otra novela, la habrá.

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