Nuevo desastre ganadero, esta vez a cargo de Cebada Gago

  • La terna compuesta por el local Diego Urdiales, Sánchez Vara, que fue herido en la mandíbula, y el mexicano Luis Bolívar se mostró voluntariosa

El cuarto festejo de los Sanfermines estuvo marcado por la voluntad de los toreros actuantes y por el escaso juego de la corrida de Cebada Gago, bien presentada, con seriedad y astifina, variada en su pinta y que resultó mansa en conjunto. De nuevo, la función se saldó sin tan siquiera una vuelta al ruedo. Festejo que no pasará a la historia.

Por la mañana todo fueron felicitaciones para José García Cebada, como responsable de la ganadería anunciada para lidiarse por la tarde. No en vano recibía el Trofeo Carriquiri que distingue al toro más bravo de 2007. En este caso, el premio había recaído en Segador, de la citada divisa gaditana, que fue lidiado el 10 de julio del año pasado por Juan Bautista. José García Cebada recogió el premio de manos del presidente de la Comisión Taurina de la Casa de Misericordia, José María Marco García-Mina. Y aquí quedó todo el brillo para la divisa. Porque lo de la tarde fue un encierro deslucido a carta cabal, que hizo imposible que la terna compuesta por los matadores Diego Urdiales, Sánchez Vara y Luis Bolívar pudiera lucirse.

El local Diego Urdiales se estrelló con un mal lote. Ante ambos toros, Urdiales se entregó en sendas faenas en las que intentó hacer las suertes con verdad.

Sánchez Vara también tuvo como oponentes a dos toros deslucidos. El diestro de Guadalajara porfió en vano ante sus dos oponentes. El segundo toro, al que dejó crudo en el tercio de varas, tardó poco en aquerenciarse y evidenciar peligro. El toro le lanzó un derrote y a punto estuvo de cortarle la yugular al torero. El astado hirió a Sánchez Vara en la parte inferior de la mandíbula izquierda y todo quedó en un tremendo susto. El torero también sufrió un corte en la mano izquierda, causado por su propio estoque.

El colombiano Luis Bolívar, que se las vio con un lote complicado, apostó fuerte y se justificó con creces. Bolívar también esbozó buenos apuntes con el capote.

La tarde estuvo marcada, una vez más, por el deslucido juego de los toros. En esta ocasión, el encierro de Cebada Gago, bien presentado, astifino, en el tipo de la casa, sin exceso de romana, no dio juego para el lucimiento de una terna que intentó en todo momento justificarse ante un público que abarrotaba la plaza de toros de Pamplona.

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