Crítica de Cine

Omaíta 007

espías

Comedia, EEUU, 2015, 120 min. Dirección: Paul Feig. Fotografía: Robert D. Yeoman. Música: Theodore Shapiro. Intérpretes: Melissa McCarthy, Jason Statham, Rose Byrne, Jude Law, Morena Baccarin, Bobby Cannavale, Allison Janney, Nia Long, 50 Cent. Cines: Málaga Nostrum, Vialia, Plaza Mayor, La Verónica, Pixel, Alfil, Miramar, Goya, Rincón de la Victoria, Ronda, El Ingenio.

Tras una carrera mediocre Paul Feig obtuvo un enorme éxito con La boda de mi mejor amiga, una comedia grosero-costumbrista de la factoría Apatow. Siguió por esa senda con Cuerpos especiales y con esta Espías, rebajando algo el tono grosero. Especializado en el humor interpretado por mujeres, aquí repite con su musa Melissa McCarthy convertida en una sedentaria agente de la CIA que antes de tutelar las misiones de sus colegas en activo (cual una Moneypenny bastante menos discreta) tuvo un pasado más movido. Volverá a la acción para rescatar a un compañero, enfrentándose a un villano que puede poner en peligro a la humanidad entera.

Porque, sí, estamos ante una parodia de los James Bond hecha con la escasa sutileza que Feig ha demostrado siempre. Es decir que empieza con Jude Law vestido de esmoquin en una lujosa villa interpretando la breve secuencia de acción (con la inclusión de unos cuantos pésimos gags) que antecede a los títulos de crédito de los Bonds. Tras ella, cómo no, unos títulos de crédito calcados de los que creó Maurice Binder para la serie Bond, con una canción que recuerda demasiado a John Barry cantada por una voz que suena demasiado a Shirley Bassey. Y a partir de ahí se desarrolla esta broma con poca gracia; rodada, está claro, para mayor lucimiento de la McCarthy -una actriz que, ciertamente, llena la pantalla- haciendo de una Moneypenny enamorada de un escuálido Bond interpretado con desgana por Jude Law.

No hay recoveco de la serie Bond que se libre de un chiste malo, incluido el venerable Q y su departamento de armas sofisticadas. Tarde y mal llega esta parodia. Las tampoco muy sofisticadas de Austin Powers eran más divertidas. Por no citar las joyitas pop de los 60 de Flint y Matt Helm o la disparatada Casino Royale con David Niven y Woody Allen al ritmo de Herb Albert & Tijuana Brass. Aquí nos llevan de Washington a París, a Roma y a Budapest para que esta Omaíta sin gracia (¡más quisiera la McCarthy!) haga sus sosos numeritos. Aburrida, además de mala.

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