¿Un Oriente Próximo sin conflicto?

  • 'Culturas' dedica su último número a las tendencias de la creación árabe contemporánea · Los autores se rebelan contra los clichés políticos que distorsionan el cine, la música, la literatura o el arte de la región

El sirio Khaled Khalifa resultó el año pasado finalista del International Prize for Arabic Fiction, algo así como el Booker de Oriente Próximo, por su novela Elogio al odio. También es guionista de numerosas teleseries, popularísimas en su país y en todos los vecinos de la zona, una industria no sólo potente, sino además idónea, defiende el escritor, para mantener un diálogo sincero con la sociedad, una comunicación que no silencia temas tabú hasta hace muy poco en el mundo árabe, como el consumo de drogas o la homosexualidad. Khalifa acude con frecuencia a festivales de cine y televisión, donde le preguntan inexorablemente por el conflicto palestino, por la situación en Iraq, si se siente más sirio que musulmán o viceversa; le preguntan muchas cosas, rara vez relacionadas con lo que él hace.

Zeina Abichared es una joven libanesa, diseñadora gráfica y autora de El juego de las golondrinas, un cómic en el que compone un fresco de la sociedad libanesa en los años 80 y que presenta ciertas similitudes formales con Persépolis, el fenómeno nacido de las manos y los recuerdos de Marjane Satrapi. Abichared, nacida en Beirut en 1981, no comprende por qué ha de parecerle más importante si las mujeres han de llevar velo o no, cuando la mayoría de ellas son jóvenes y están mejor preparadas que nunca pero están desempleadas.

Este sentimiento de tantos creadores nacidos en Oriente Próximo, agotados de que sus obras sean eclipsadas por ciertos clichés, agrupadas sin examen previo en un mismo saco y desvirtuadas por una mirada viciada por la noción de conflicto, lo recoge ahora la revista Culturas, que edita la Fundación Tres Culturas. Algunas veces por razones obvias, explican los responsables de la publicación, sólo se piensa en atentados, guerras y Yihad, pero no en cine, literatura, arte o música. Todas estas manifestaciones tienen su sitio en el nuevo número de la revista, que pretende tomarle el pulso a la creación cultural contemporánea en esa zona del mundo.

Lo hacen los propios creadores, desde los citados Khalifa (que firma un extenso artículo sobre las ficciones televisivas sirias) y Abichared (responsable de la cubierta de la publicación y de una historia gráfica de dos páginas, ambas creadas ex profeso para la ocasión), al arabista inglés David Tresilian, autor del reciente ensayo A Brief Introduction to Modern Arabic Literature, convertido ya en una obra de referencia, que rastrea para Culturas las principales tendencias de la literatura árabe contemporánea; o el escritor, periodista y sociólogo egipcio Khaled Al-Khamissi, que en Taxi (Almuzara) ya entregó una vívida recreación de la vida en El Cairo actual, materia de la que se ocupa en la revista, pero centrándose en los aspectos culturales.

La acogida de la propuesta, cuentan desde Tres Culturas, está siendo tan buena, por parte incluso de los propios creadores participantes, que los responsables de la revista se plantean dedicar todos los años un monográfico a este asunto, aunque por ahora es tan sólo una idea.

Los temas que preocupan a los creadores jóvenes de la región son diversos y con frecuencia de fuerte raíz personal, pero en los artículos de la publicación puede observarse un hilo común: las ganas de trabajar sin complejos. Tras el poscolonialismo y el nasserismo, los artistas de hoy no satanizan lo occidental, pero no lo exaltan ni copian sus modelos, como tampoco reproducen los estereotipos de Oriente; toman lo que les interesa de cada ámbito. Hay también una constatación compartida de lo difícil que les resulta acceder a los mercados occidentales, y una queja contra la reticencia de éstos ante productos diferentes, más innovadores, que no satisfacen a esa parte del público que espera de antemano asuntos manidos y acabados exóticos. De esto escribe la cineasta egipcia Amal Ramsis, que repasa las producciones de mujeres árabes que eligieron una vía distinta y menos amable a la de, por ejemplo, Caramel.

La censura es otro tema inevitable. De ella se ocupa la periodista freelance y doctora en Literatura Ursula Lindsey, que recoge esta tensión constante, que sin embargo los creadores son capaces de sortear, y que en cualquier caso no evita el gran dinamismo de la actividad cultural en la región.

La revista se completa con artículos de Tony Sfeir, músico, productor y fundador del sello Incognito, que analiza la escena musical independiente en Beirut y Damasco; de Yael Lerer, creadora de la editorial Andalus Publishing, un interesante experimento (que fracasó) y que consistía en traducir libros al hebreo por su valor exclusivamente literario; y del crítico de arte y profesor de la Universidad de Aix-en-Provence, que aplica su mirada al efervescente mundo del arte contemporáneo, entre otros textos más.

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