Paisaje humano para una crítica a Shakespeare

Sentenció Hamlet que la cuestión era ser o no ser, pero entre un extremo y otro se dejó un catálogo de posibilidades. Este abismo es el que explora Alfredo Sanzol con Sí, pero no lo soy, un acertadísimo montaje en torno a la personalidad, entendida como realidad compleja e imprevisible, construido a base de pequeños fragmentos que proponen una narración fragmentada y a la vez completa en sus intenciones. Cinco actores dan vida a cerca de cuarenta personajes en una serie de escenas marcadas por lo inesperado, que transitan del costumbrismo más abierto al surrealismo más ácido; el principal elemento común es el humor, que transita por todos los episodios hasta conformar una sola comedia en torno a la problemática y la fenomenología del ser. Y cabe destacar aquí uno de los grandes aciertos del texto de Sanzol: la aparente sencillez de los pasajes contiene una profundidad asombrosa en cuanto a contenido filosófico. Y es así tanto en los momentos más hilarantes (como el genial del pamplonica desterrado en el crucero en pleno San Fermín) como en los que proponen cierta categoría psicológica para despistar sabiamente al espectador (el de los padres que discuten sobre los parecidos de los hijos presentes y futuros).

Buena parte del éxito artístico de esta obra reside en el reparto, fantástico, acertado siempre, endiabladamente dinámico y compenetrado hasta parecer uno. Quizá lo sea.

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