'Pájaros muertos' destapa las grietas soterradas de la sociedad actual

  • Jorge y Guillermo Sempere retratan las vidas de dos familias aparentemente perfectas

Aislados del mundo exterior, de sus peligros, de sus gérmenes. Encerrados en una urbanización modélica, con jardines y piscina de agua transparente conviven dos familias que no son tan perfectas como quieren mostrar, tanto a los demás como a sí mismos. Pero las grietas soterradas de este microcosmos, en el que se puede contener el resto de la sociedad, comienzan a destaparse tras un banal acontecimiento. En la quietud de un asfixiante verano comienzan a aparecer Pájaros muertos.

Estos hechos serán suficientes para romper el espejismo en el que viven los personajes que plantean los debutantes Jorge y Guillermo Sempere. Primos y tercera generación de una familia dedicada al séptimo arte, los realizadores han querido levantar una historia original en tono de "comedia amarga", como la define el actor Alberto Jiménez, implicado en el proyecto desde el principio.

Silvia Marsó y los argentinos Claudia Fontán y Eduardo Blanco componen el cuarteto protagonista. Junto a ellos actúan cuatro jóvenes que también se inician en el terreno del largometraje. "El guión me resultó muy interesante, tan original que nos convenció a todos sin conocernos de nada, incluso hizo que dos actores cruzaran el charco", comentó en la presentación Silvia Marsó. "Además hay que apoyar al cine independiente, el que se hace por productoras pequeñas", añadió la actriz. Guillermo Sempere quiso matizar sus palabras. "El cine independiente es el más dependiente de todos, porque siempre dependemos de favores", bromeó.

Silvia Marsó interpreta a una mujer guapa y deportista, parece una madre perfecta. Pero todos los días se encierra en una habitación a fumar, beber y, si es necesario, tomar unas pastillas que no duda en ofrecer a su propia hija que padece "sonambulismo bulímico". Sus vecinos están arruinados pero aparentar está por encima de muchas cosas y mantienen a su hija encerrada en su habitación porque se supone que está en Nueva York para perfeccionar su inglés. En un mundo lleno de hipocresía, sólo dos adolescentes parecen buscar la verdad.

"Lo cruel de todo esto es que, igual que en la película, en la vida real la mayoría afronta su destino con cobardía y resignación", comentó Marsó. Una sátira hilada con humor sutil pero contenido es lo que buscaban hacer los cineastas que llevan tres años implicados en este proyecto. "Intentamos que fuese lo más original posible y es difícil porque tú mismo te censuras cosas que puede ser que la gente no entienda y te tomen por zumbado", defendió Guillermo Sempere. A pesar de esto, el largometraje bebe de referencias más que claras, American beauty, Pequeña Miss Sunshine y Vírgenes Suicidas, "la que tuvimos muy presente durante el proceso de guión".

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