El Palacio de Congresos de Toledo, obra de Rafael Moneo, abre sus puertas

Construido en la roca e integrado en el casco antiguo sobre el río Tajo, el nuevo Palacio de Congresos de Toledo, que inauguró ayer el príncipe Felipe, es obra del arquitecto Rafael Moneo y ha sido bautizado El Greco por decisión popular tras una consulta en las redes sociales. Se ideó bajo el mandato en la ciudad del popular José Manuel Molina sobre un borrador diseñado en el año 2000 por Moneo -Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012- y el urbanista barcelonés Joan Busquets, que en junio de 2001 presentaron como proyecto.

Este centro de congresos, que ha costado más de 50 millones de euros -el doble de su presupuesto inicial-, cuenta con un auditorio con capacidad para más de 1.000 personas y otras siete salas con aforos que suman otros 1.500 asientos. Así, distribuidos entre sus tres plantas subterráneas, el Palacio de Congresos suma 40.600 metros cuadrados y sus salas se presentan como espacios polivalentes, pues mientras que la dedicada a El Greco, que tiene un aforo para 300 personas, se puede dividir hasta en cuatro espacios, la Sala Toledo se ha pensado como un espacio multiusos que puede albergar desde exposiciones hasta banquetes de 300 invitados. Sin embargo, el auditorio, con más de 12.000 metros cuadrados, es el espacio principal de este palacio de congresos, dotado de escena, foso de orquesta, camerinos y equipamiento escénico para espectáculos de teatro.

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