Pasión y emoción, difícil frontera

En los últimos tiempos están proliferando las distintas versiones discográficas dentro del mundo de la música antigua. La verdad que los melómanos estamos de suerte y con ello se empieza a seleccionar las interpretaciones más interesantes o atrayentes como sucede tradicionalmente en la música clásica sinfónica, en la lírica, etc.

En este sentido, y a colación con el repertorio previsto para la noche del lunes, numerosas agrupaciones se están apuntando a descubrir y redescubrir la obra del polifonista español Francisco de Guerrero. Precisamente hace unos días recibí el último volumen de los tres que conforman las villanescas de Francisco de Guerrero del sello Enchiriadis. El proyecto de grabación del que sí hizo eco en su día este periódico y que en colaboración con Música Ficta y Ensemble Fontegara bajo la supervisión de Raúl Mallavibarrena sacaban a relucir la música del genial compositor desde tierras rondeñas. Sin entrar en detalles de cuál puede ser la mejor versión en comparación con la que realizó La Trulla de Bozes dentro de la colección Documentos Sonoros del Patrimonio Musical de Andalucía, la selección que interpretó el lunes este grupo sigue en la línea de combinar la austeridad de la voz desnuda junto a la interpretación del órgano en algunos casos. Algo que se alaba en el tono en que se circunscriben estas piezas en su tránsito entre lo profano y lo sacro o "lo divino", como dijo Querol.

Alejados de cualquier grabación discográfica y con voz en directo en un nuevo entorno propuesto por la organización del festival -felicitaciones igualmente por la sonorización conseguida- se pudieron comprobar aspectos positivos y no tan positivos en relación a la interpretación de este grupo.

Se nota que Sandúa ha trabajado a fondo en la claridad y la declamación de los textos, cualidad altamente positiva y que caracteriza a su agrupación, pero debería vigilar más estrechamente los equilibrios vocales y su relación con los papeles individuales de cada voz en varias de las obras propuestas. Aunque se trata de Dare espirito vivo alle parole como aludía el Dr. Jeppesen en su libro en relación al estilo vocal del siglo XVI hay que pensar en evitar las irrupciones en forte de manera súbita, al gusto barroco, idea que sería secundada por los insignes Querol, antes mencionado, y el también historiador Adolfo Salazar. Reconozco que establecer la frontera entre la pasión y la emoción en este tipo de repertorios es complicado pero ahí está la clave.

María Espada sí se acercó notablemente a esa mesura. Sus intervenciones con breve papel solístico en Al resplandor de una estrella, Juicios sobre una estrella y Virgen Sancta o a nivel más grupal en Si tus penas no pruebo emergieron en calidad y rotundidad. Por la contra, las exageradas y casi artificiales entradas de Karim Farhan, más acostumbrado a lo barroco en su propio repertorio, deslució un Quando's miro mi Dios. Discreto el papel del resto de componentes con la colaboración del acompañamiento y la interpretación solística al órgano de Raúl del Toro, se cerró la jornada con amplios aplausos.

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