Piglia vuelve a los límites del género policíaco

  • El escritor argentino, autor de 'Plata quemada', publica en España 'Blanco nocturno'

Trece años después de Plata quemada, el escritor argentino Ricardo Piglia vuelve a visitar el territorio de la novela con Blanco nocturno, en la que continúa transitando por "los límites del género policíaco". Blanco nocturno (Anagrama) narra la vida de un pueblo y el infierno de las relaciones familiares en medio de la Pampa argentina, en la que habita Luca Belladona, constructor de una fábrica fantasmal perdida en medio del campo que persigue con obstinación un proyecto demencial.

La novela, como sucede habitualmente con las obras de Piglia, está poblada de personajes memorables, que entretejen una trama directa y compleja, con traiciones y negociados, un falso culpable y un culpable verdadero, pasiones y trampas.

En la presentación de Blanco nocturno, Piglia ha explicado que la novela comenzó con el personaje de Luca, que es una traslación de un primo suyo, ya desaparecido, que le daba la imagen de alguien "tratando de sacar adelante un proyecto imposible". "Yo creo que aquel primo construía objetos para los que la realidad no estaba preparada y en ese sentido era un artista, porque nunca pensaba en la utilidad y a veces ni siquiera en la función", ha dicho. Luego, alrededor de Luca, se acabó construyendo todo el armazón narrativo.

Piglia cree que no sigue los cánones del género negro: "Me interesa mucho más lo que sucede después del crimen, porque lo más interesante empieza después, cuando el crimen ha producido ya sus efectos. La novela negra aporta una percepción del mundo contemporáneo mucho más final y sutil que muchas novelas sociales".

En esta ocasión, en el relato aparece un investigador, Croce, algo que no pasaba en sus novelas anteriores, dice Pligia, quien ha explicado que es "un personaje que pretende ser un contrapunto a los investigadores clásicos, que suelen ser racionales e inteligentes". Croce no está loco, pero, como él mismo dice, es "sospechoso de demencia", y es el encargado de investigar el misterioso asesinato del Tony Durán, un extraño forastero nacido en Puerto Rico y que había llegado a aquel lugar remoto de la provincia de Buenos Aires siguiendo a las gemelas pelirrojas Ada y Sofía Belladona.

Piglia siente que tiene una "relación tangencial con el género" policíaco, al que ve como "una máquina de narrar que tiene además la virtud de la repetición". El autor explica que situó su novela en plena Pampa porque tuvo una experiencia de infancia en aquella región, de la que guarda "recuerdos inolvidables" como esa idea de la llanura en la que nada cambia o también la impresión de la noche, donde siempre se piensa que uno se puede perder.

La reaparición del personaje de Renzi da continuidad a su obra narrativa, pues representa para Piglia como un "ancla", "un testigo de los acontecimientos". La inclusión de las notas a pie de pagina, que ya utilizó en los cuentos de Nombre falso, le pareció "un mecanismo narrativo interesante" y que permite al lector "manejar una información que la novela no puede dar". Además, trató que las notas tuvieran cierta autonomía, que "se pudieran leer como relatos".

Tras decir que entre una y otra novela siempre ha pasado mucho tiempo, Piglia atribuye los trece años transcurridos desde su anterior novela, Plata quemada, a su particular método de trabajo. "Ese método consiste en escribir un borrador y dejar un tiempo de reposo, y luego escribir una segunda versión y volver a dejar descansar el manuscrito, con la ilusión de que el tiempo se acabe incorporando al relato, y que adquiera cierta autonomía e imaginario propio". Piglia no recomienda el método porque "no garantiza que el resultado sea bueno" y vuelve a justificarse: "El tiempo que pasó desde la última novela coincidió con mi estancia en la universidad de Princeton como profesor".

Considerado entre las grandes voces actuales de la literatura latinoamericana y un clásico de las letras argentinas, Piglia (Adrogué, Buenos Aires, 1940) es autor de novelas como Plata quemada, que fue llevada al cine por Marcelo Piñeyro, los cuentos de Prisión perpetua o el ensayo El último lector. En la actualidad, trabaja en su próximo libro de relatos y, después de su publicación, volverá a la transcripción de sus diarios, una experiencia que ya inició y que califica de "melancólica".

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