"Pintar me ha librado de pagar fortunas a los psiquiatras"

  • El autor de algunos de los más bellos himnos de amor y amargura también es responsable de una amplia obra pictórica que le sirve de terapia · El libro 'Giraluna' y el disco 'Intemperie' son sus criaturas más jóvenes

La sensibilidad de Luis Eduardo Aute es inversamente proporcional a las imposiciones del mercado, a las servidumbres de las giras de promoción en general, aquellas en las que con frecuencia el entrevistado suelta de manera automática un discurso que trae preparado de casa. Con todo, nobleza obliga, estos días anda con su nueva criatura bajo el brazo, Giraluna, que es como se llama este cuento poético que ha ilustrado para la editorial La Galera, y sus palabras, lejos de parecer prefabricadas, invitan a sublimar el arte como tabla de salvación. En el relato de "este girasol desobediente", basado en la letra de la canción que lleva el mismo nombre, el cantautor, poeta y pintor -un ser a contracorriente en nuestros días: no tiene móvil y apenas sabe encender el ordenador, confiesa- plasma esa mirada amarga y tierna con la que ha acuñado buena parte de su repertorio musical, repartido en la treintena de discos que servido de banda sonora a la memoria sentimental de este país. Un espíritu que también transpira su disco Intemperie, compuesto por un puñado de temas casi "premonitorios" en los que cuestiona el mundo que ha construido el ser humano.

-Es raro encontrar a alguien sin móvil. En su disco ha escrito sobre esto en el tema ¿Qué me pasa, doctor? ¿Cómo nos ve a los que vivimos pegados a este aparato?

-Hasta aquí he llegado sin él. Reconozco que es un invento maravilloso y que no está mal tenerlo, pero me pone muy nervioso. Cada vez que suena me da la sensación de que me van a dar una mala noticia.

-En Intemperie el denominador común de los temas es el desamoparo, la confusión que parece dominar al mundo en los últimos tiempos. ¿En qué momento artístico y profesional se encontraba?

-Son canciones que escribí hace un año y pico, incluso algunas antes [el disco se publicó en septiembre de 2010]. El corte Atenas en llamas está escrita hace dos años, mucho antes de todos estos acontecimientos que hemos visto en Atenas, con lo que ha sido lamentablemente una canción premonitoria. Son composiciones con las que he intentado reflejar los tiempos de inseguridad, de miedo... Con esa sensación de que en cualquier momento se nos va a caer el techo encima y nos vamos a quedar con el culo al aire, a la intemperie.

-Su reflexión entronca con el movimiento Indignados. ¿Cómo observa este fenómeno?, ¿qué cree que ha aportado a la sociedad?

-No es qué ha aportado, es qué aportará. Pienso que tiene futuro. En este momento se está reciclando y ubicándose, porque surgió muy espontáneamente y no ha cambiado el escenario, al contrario, va a peor. Este movimiento tendrá cada vez más vida. Y ya por los menos se han contagiado otros países... Es síntoma de que hay vida dentro de todo este caos. Esa famosa luz al final del túnel, que decían que no se veía, se está viendo y nació en la Puerta del Sol. Espero que insistan y que vayan a más.

-La cultura está siendo la más castigada en los presupuestos de todas las administraciones.

-La que paga siempre los platos rotos es la cultura. Se ve como algo adherido, sin valor. [Los políticos, los gestores] Están en un profundísimo error porque la riqueza de un país, aparte de las materias primas, no son los bancos, sino la obra cultural, que es lo que le da sentido a un país. En Estados Unidos lo tienen muy claro: aparte de haber invadido el mundo con Coca-cola, lo han hecho con sus productos culturales, ahí están la música, el cine, la televisión... La industria cultural de Estados Unidos es potentísima y también la han apoyado muchísimo. En Francia, la cultura se considera un bien industrial; hay una ley específica, la Ley de Excepcionalidad Cultural, que trata la cultura como patrimonio de la riqueza de un país. Si este país tiene algo es todo su acervo cultural. Lo que se puede exportar es cultura.

-Acaba de ilustrar el cuento El Giraluna, la historia de un girasol a contracorriente. ¿Le sirve la pintura como refugio?

-De alguna manera, sí. Cuando ando un poco errático, me encierro a pintar, es como una terapia. Trabajar con imágenes es una actividad absolutamente libre, no hay que atarse a ningún tipo de canon, ni a ningún corsé. Es la libertad absoluta y eso le viene muy bien a la cabeza en muchas ocasiones, sobre todo cuando hay problemas psíquicos... Yo siempre digo medio en broma que el hecho de pintar me ha librado de pagar fortunas a los psiquiatras. El psicoanálisis es con uno mismo y con el lienzo en blanco. Además, pintar exige muchísima concentración, pero es una concentración muy saludable porque no se trabaja con palabras. Las palabras son escurridizas, encierran conceptos... Y las imágenes son la libertad absoluta. Trabajar en ese estado de ánimo es absolutamente higiénico para la cabeza.

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