Pintura y tradición ampliadas

  • Richter hace comulgar la potente composición con un impactante cromatismo

Asevera Daniel Richter que "la pintura es el medio más torpe, más lento y más consciente de la tradición, y el más difícil de ampliar" -Art now, 2002-. Viendo esta exposición, que atiende tanto a la figuración que desarrolla desde principios de siglo como a la abstracción que lo caracterizó hasta entonces, uno llega a comprender con meridiana claridad la precisión, certeza y profundidad del aserto del pintor alemán. Resulta imposible desvincular su pintura de una serie de resortes lingüísticos, temas y modos de expresión que han configurado desde hace siglos la pintura alemana, así como a otras cercanas -geográficamente- y que se han encontrado influidas por ésta o han convergido en intereses con ella, como pudieran ser episodios concretos de la nórdica o la belga. Como prefigurando su cita, la pintura de Richter es consciente de esa tradición de la que no sólo participa, sino que parece complacerle hasta el extremo de la paráfrasis -algunas son verdaderas citas a autores históricos y contemporáneos-, aunque, como él mismo dice -y bien-, consigue dificultosamente ampliarla, puesto que es innegable que el pintor aporta rasgos propios a ese conglomerado de referencias y herencias.

Así, como rasgos tradicionales de la escuela germana, que contamina y enriquece con otros ajenos a ésta, apreciamos subsumidos en su pintura un sentimiento y un sentido trágico de la vida -no ha de confundirse con el fatalismo meridional- propio de aquellas latitudes que han impregnado secularmente tanto el pensamiento como la plástica; una articulación o bifurcación de individuo y colectividad que se origina en el pensamiento alemán; lo siniestro y la presencia, a veces disimulada y otras no, de la muerte que podemos sondear desde la época moderna -Baldung Grien-; la presencia de un fuerte subjetivismo heredero del romanticismo; el cromatismo 'violento' y las deformaciones formales que van desde el expresionismo de principios del XX hasta los pintores de los setenta y ochenta -nuevos salvajes-; el sentido crítico, político y social tan característico de la Nueva Objetividad de entreguerras; o las referencias a la abstracción que tuvo en Alemania uno de sus enclaves germinadores. De este modo, sus telas fluctúan entre las referencias a autores y períodos históricos que superan el marco alemán como Munch y Ensor -las máscaras o abigarramiento de personajes- y las de autores contemporáneos, o estrictamente anteriores, como pudieran ser Albert Oehlen -rotunda su cercanía en las obras abstractas-, Gerhard Richter -empleo de la fotografía como modus operandi-, Peter Doig -evidentísimo en sus paisajes, aunque no podemos obviar la presencia de matices expresionistas, románticos y simbolistas incluso- o Neo Rauch.

Al margen de sus telas de carácter abstracto, que destacan por la profusión y densidad de las formas organicistas, fluidas y delicuescentes que en ocasiones se mezclan con fragmentos figurativos como paisajes y rostros -un rasgo más de su facultad de síntesis o sincretismo-, son sus piezas figurativas las que muestran la dimensión más importante de este pintor y donde apreciamos muchos de los rasgos que al principio señalamos. Richter se suele basar en imágenes preestablecidas -fotografías y reproducciones- que varía a través del color agresivo y chirriante en ocasiones, su aplicación a modo de mancha o impresión -cual fogonazo-, así como las deformaciones de índole expresionista que opera principalmente en los rostros de los personajes. Así, hace comulgar, de un lado, la potente y bien construida composición -lo veraz y lo objetivo- con un impactante cromatismo y una expresividad que acentúan la tensión y elevan el clímax de la pieza. A ello hemos de unirle los grandes formatos de muchas escenas desasosegantes y con un profundo simbolismo, así como la de una suerte de pintura de historia (política y social, ya que atiende a la represión policial, arengas políticas o a la prostitución): nos envuelven y hacen participar sobrecogiéndonos de lo atormentado, la desesperación, la soledad, lo siniestro o los dramáticos ecos de la Historia, siempre susceptibles de reeditarse.

Ya lo dijo el propio Richter: resultaba difícil, pero ha ampliado una pintura atenta a la tradición y a la contemporaneidad social y artística.

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