Piruetas para la confusión

Festival de Teatro. Teatro Echegaray. Fecha: 4 de febrero. Texto: William Shakespeare. Traducción y dramaturgia: Diana I. Luque. Dirección: Rosa Fernández Cruz. Reparto: Eva Boucherite, Ada Fernández, Rosa Clara García, Borja Floü, Chete Guzmán, Nacho Vera. Aforo: Unas 40 personas.

¿Un montaje circense para Noche de Reyes? ¿Y por qué no? El montaje que dirige Rosa Fernández Cruz convierte la misteriosa Iliria en una pista de circo, donde los ayudantes sueñan con ser acróbatas y donde campan a sus anchas payasos y equilibristas. Y lo cierto es que funciona. Shakespeare firmó en esta comedia su pieza más cercana a las formas propias del Siglo de Oro español, con el juego de confusión (subrayado aquí sobremanera entre sexos) como organismo escénico esencial. Y sí, el tono tachín tachín encaja bien con el propósito inicial del reclamo: las réplicas son eficaces, el ritmo es el deseable, los gags y las caídas funcionan como divertidos puntos de inflexión y las piruetas (incluida la música en directo, que cumple a la perfección su función colorista) revelan, en fin, posibilidades distintas a tan magnífica obra respetando, en todo caso, sus alcances. En Noche de Reyes Shakespeare sirve en bandeja un reto de órdago para cualquiera que pretenda subir a escena tan disparatada locura (no tan desmadrada como Cuento de invierno, pero oigan, ahí la llevan), y la solución del circo es reconfortante. Y, además, bien resuelta, merced sobre todo a un estupendo reparto, solvente y preciso.

Quizá se echa en falta un poquito más de valentía: habiendo encontrado una clave interesante, es una pena que la dirección no haya apostado por una resolución más radical. Un tono más grotesco habría venido bien al envite. Otra vez será.

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