Porno blando

Drama, España, 2013, 93 min. Dirección y guion: Isabel Coixet. Intépretes: Candela Peña y Javier Cámara.

Barcelona, 2017: la crisis ha hecho estragos en la sociedad, hay más de 7 millones de parados, Messi ha ganado su 10º Balón de Oro (sic) y una pareja se reencuentra después de cinco años de su separación en un cementerio azotado por el viento y la lluvia. Allí, entre arquitecturas del Apocalipisis y la desolación, planos asimétricos y tonos digitales, o lo que es lo mismo, en un estado mental, en una abstracción de la realidad, la pareja masculla sus recuerdos por el hijo muerto, se lanza reproches de ida y vuelta con más o menos virulencia, cada cual adopta su estereotipado rol (de género) en una batalla dialéctica salpicada por interludios en blanco y negro, burbujas de pensamiento en off que, entre citas literarias, arrebatos de rabia y la memoria de tiempos mejores, engrosan el esqueleto de raíz teatral de la propuesta: una nueva revisión de los estragos del dolor (¡y la crisis!) en la que el culturalismo de Coixet vuelve a hacer de las suyas para teñir de insinceridad ese recorrido por los grandes temas de la vida que en sus manos siempre se parecen demasiado a las respuestas de un consultorio de revista.

Invocar a Antonioni (figura/paisaje) y a Bergman (la pareja abierta en canal) no es suficiente cuando se hace con materiales y diálogos tan de segunda fila, bordeando el ridículo de la autocomplacencia, dejando demasiado sueltos a un par de actores que, a pesar del esfuerzo, poco pueden hacer con sus tics de comediantes reciclados. No, aquí el dolor y la catarsis, como casi siempre en el cine de Coixet, parecen responder antes a una marca en el mercado del cine de autor transnacional que a las necesidades y urgencias de un asunto y un texto inflamables.

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