El Prado rinde homenaje a Jorge Semprún, "demócrata impecable"

  • Al acto asistieron ayer su hija, el ex presidente del Gobierno Felipe González, los ex ministros Javier Solana, Carlos Solchaga y Miguel Boyer, y los escritores García Montero y Carmen Posadas, entre otros muchos

Jorge Semprún mantuvo una fuerte vinculación con el Museo del Prado a lo largo de su vida, y ese fue ayer el escenario elegido para rendir homenaje al gran prosista que luchó contra cualquier tipo de totalitarismos y supo transmitir en su obra el horror de los campos de concentración nazis. Como ejemplo de "escritor total", en la tradición de Sartre y de Malraux, y como "antifascista sin límites", "demócrata impecable" y "antifranquista intachable" fue definido ayer Semprún por el filósofo francés Bernard-Henry Levy en este homenaje que le llega tres semanas después de su muerte, el pasado 7 de junio en París.

Al acto asistieron la hija y la nieta del escritor, Dominique y Cecilia Landman; el ex presidente del Gobierno Felipe González, bajo cuyo mandato Semprún fue ministro de Cultura; los ex ministros Javier Solana, Carlos Solchaga, Miguel Boyer, Mercedes Cabrera y Claudio Aranzadi y los escritores Luis García Montero y Almudena Grandes, Carmen Posadas y José María Guelbenzu.

El director del Prado, Miguel Zugaza; el pintor Eduardo Arroyo, el arquitecto Rafael Moneo, los académicos Juan Luis Cebrián y Carmen Iglesias acudieron también al homenaje, que comenzó con un fragmento de la película Empreintes, del director Franz Appréderis, en la se ofrecen imágenes y una entrevista inédita del escritor en El Prado.

Al museo acudía de niño cada domingo Semprún con su padre, aunque no le dejaba ver las salas de desnudos femeninos. Y en El Prado se refugió en sus años de clandestinidad, entre reunión y reunión, y en su etapa como ministro acudiría allí en numerosas ocasiones. Estar en este museo es estar "en el centro de mi pasado, de mi memoria, de mi existencia, de mis más variadas preocupaciones", dice Semprún en la película.

La laudatio del homenajeado corrió a cargo de Lévy, que trazó la semblanza de los diferentes Semprún que él había conocido: El español, "heredero de la España roja"; el "antifascista sin límites", que combatió también el estalinismo; el gran prosista, "que quedará como uno de los más poderosos, más inventivos y más nuevos de la literatura de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI", y el gran defensor de la idea de Europa.

Lévy recordó que Semprún creció y vivió a la sombra de la guerra civil española, que estuvo muy presente en su vida y en su obra. Fue "la primera cita; la escena absolutamente primitiva; la primera cornada a la que debieron hacer frente, en una tauromaquia política que no era más que literatura, los hombres libres del siglo XX", señaló Lévy en el homenaje organizado por la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Gran parte de la obra de Semprún, "una de las autoridades morales de la época", estará dedicada a "la imposible tarea de transmitir lo intransmisible de la deshumanización en Buchenwald", ese campo de concentración donde el escritor estuvo internado y que de una u otra forma está presente en libros como El largo viaje, Aquel domingo, La escritura o la vida.

"Escribir, no para sobrevivir, sino para revivir", dijo Levy antes de subrayar que Semprún fue "antifascista hasta el fin". El nazismo "era único e incomparable" para él, "excepcional e histórico", pero también había que luchar contra los crímenes del estalinismo, aunque durante años hubiera sido, como lo fue él, dirigente comunista.

El filósofo francés aludió a la múltiple identidad del homenajeado, como quedó patente en 1988 cuando Felipe González envió un emisario a París a "sondear" al escritor antes de nombrarlo ministro y a enterarse de su nacionalidad: "Dígale al presidente que soy bastante apátrida; bilingüe, luego esquizofrénico, luego sin raíces y apátrida. No soy ni de aquí, ni de allí. Soy del campo de concentración de Buchenwald", respondió Semprún.

De la relación que Semprún mantuvo con El Prado habló también el académico Francisco Calvo Serraller, que recordó el papel tan especial que la pintura desempeñó en la vida y obra del homenajeado.

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