El Prado y el Louvre suman fuerzas para iluminar la época final de Rafael

  • La pinacoteca madrileña inaugura el lunes la primera gran muestra monográfica sobre los últimos siete años de vida de Raffaello Sanzio, el periodo de su carrera que alcanzó mayor impacto en el arte europeo posterior

El Prado y el Louvre son las instituciones que poseen más obras pertenecientes a los últimos años de Rafael (Raffaello Sanzio, 1483-1520). Por ello, la unión de ambos museos para organizar El último Rafael es única. Compuesta por 44 pinturas, 28 dibujos, una pieza arqueológica y un tapiz procedentes de cerca de 40 instituciones distintas y que en rara ocasión salen de sus lugares de origen, la exposición que inaugura el lunes la Reina forma un apabullante conjunto que permitirá contemplar hasta el 16 de septiembre la producción de Rafael y de su taller en los años en que se convirtió en el pintor más influyente del arte occidental.

Coorganizada con el Museo del Louvre, adonde viajará en octubre, y con el patrocinio de la Fundación Axa, la muestra tiene como comisarios a Paul Joannides y Tom Henry, que han trazado un recorrido cronológico por la actividad del maestro, desde el inicio del pontificado de León X (1513) hasta la muerte del artista en 1520, y de la de sus principales discípulos, Giulio Romano y Gianfrancesco Penni, hasta finales de 1524. Es la primera gran exposición monográfica que combina pinturas y dibujos centrándose en los últimos siete años de su corta vida, el periodo de su carrera que alcanzaría mayor impacto en el arte europeo posterior.

Sin el ejemplo del maestro de Urbino "no se entendería el devenir de la Edad Moderna tal y como la conocemos", declaró ayer el director del Prado, Miguel Zugaza, para quien la muestra culmina uno de los proyectos de investigación, restauración y expositivo "más complejos de los últimos años".

Miguel Falomir, coordinador científico de la muestra, consideró que las últimas pinturas de Rafael no han sido bien comprendidas porque presentan problemas de cronología, porque su diversidad desconcierta y porque no trabajaba solo (tenía en su bottega más de 50 ayudantes especializados). A arrojar luz sobre estos aspectos "y repensar cómo enfrentarnos a su trabajo durante estos últimos años" contribuye la unión del Louvre y el Prado, "que juntos forman el corpus más importante de la obra de Rafael", consideró Falomir, para quien la exposición es "un acontecimiento inédito ya que ninguno de los dos había prestado nunca obras tan importantes". Además, con esta muestra el Prado salda una cuenta pendiente con el maestro, que fue durante décadas, y desde su inauguración en 1919, el principal reclamo del museo, hasta que lo desbancó Velázquez.

Para Paul Joannides, el maestro renacentista logró la fusión de la luz natural con la luz divina: "Rafael es un artista del mayor nivel intelectual y de gran profundidad espiritual y ética". Santa Cecilia, nunca antes prestada por la Pinacoteca Nacional de Bolonia, preside el inicio del recorrido, que finaliza en la sala 49 abordando el proceso creativo de la Transfiguración, la última gran obra maestra de Rafael, a través de la copia realizada por Penni y Romano que atesora el Museo del Prado.

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