El Prado restaura la Inmaculada más emblemática que pintó Murillo

  • La imagen, conocida como 'Inmaculada de Soult', fue un encargo para un hospital sevillano · El mariscal francés robó la obra en 1813, en 1852 la adquirió el Louvre y en 1940 llega a la pinacoteca madrileña

Entre las vírgenes pintadas por Murillo, La Inmaculada de Soult (o de Los Venerables, su legítima denominación) que conserva el Museo del Prado de Madrid es, sin duda alguna, una de las más bellas y emblemáticas. El proceso de restauración llevado a cabo en el Área de conservación del Museo del Prado, a cargo de María Álvarez-Garcillán, ha devuelto a la pintura de Murillo el esplendor estético original que convirtió este bellísimo ejemplo de devoción mariana en la Inmaculada más copiada y reproducida de cuantas existen en el Barroco español.

"Cuando un cuadro no reclama la atención del espectador está mostrando el síntoma más evidente de que necesita ser restaurado", explican desde la web del Prado. Es por esta razón por la que en enero del año 2007 ingresó en los talleres de la pinacoteca madrileña este extraordinario ejemplo del barroco, obra del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682).

HISTORIA DE UN EXPOLIO La conocida como Inmaculada de Soult debe su nombre a que fue robada por Nicolás Juan de Dios Soult, duque de Almacia y mariscal de Francia durante la Guerra de la Independencia, en el año 1813, y el mayor expoliador de obras de arte que ha sufrido España en toda su historia. Por mandato de Napoleón y por ambición propia, llegó a acumular hasta mil lienzos provenientes de todas las iglesias y capillas de Sevilla en el Alcázar para su traslado a París, según quedó registrado en el Inventario de cuadros sustraídos por los franceses de Manuel Gómez Imaz (1896), que acaba de reeditar Renacimiento.

La Inmaculada, un encargo del canónigo de la Catedral de Sevilla Justino de Neve (1625-1685) para el Hospital de los Venerables de Sevilla, pasó impunemente a la colección privada del mariscal, que ordenó un reentelado que perjudicó gravemente a la pieza. A la muerte de Soult, el cuadro se subastó en 1852 por 615.300 francos, "la cifra más alta que hasta la fecha se pagó por una pintura", según recuerda en la web del Prado el catedrático sevillano Enrique Valdivieso, y fue adquirida por el Museo del Louvre, donde se expuso durante más de un siglo. En 1937, la pinacoteca francesa encarga un nuevo entelado que no llegó a realizarse por el mal estado de la obra. Sin interés aparente para los franceses, el Estado francés de Vichy acuerda con España un intercambio en 1940 de la castigada obra de Murillo por una Mariana de Austria de Velázquez -de cuya serie el Prado tenía varios ejemplos-.

Pero no regresaría a Sevilla, al Hospital de los Venerables para el que fue concebida, sino al Museo del Prado. Ya en la pinacoteca española, el cuadro sufre en 1974 realizó una nueva intervención a la que le sigue otra en 1982 con el propósito, en esta ocasión, de cambiar el bastidor, eliminar barnices y repintes. Sin embargo, esta restauración queda inconclusa, un dato que se ha conocido ahora gracias a las nuevas técnicas.

Intervención

Con la intervención que se ha llevado a cabo desde el año 2007 en los talleres del Prado, "se ha consolidado la pintura del cuadro de Murillo, devolviendo así estabilidad a los diferentes estratos pictóricos sin modificar su estructura", según se puede leer en la nota hecha pública por la pinacoteca madrileña. La meta de esta limpieza, prosigue, "era buscar el aspecto más fiel y cercano a la idea del autor. Se ha recuperado la legibilidad del cuadro, se han repuesto lagunas y veladuras y la intención de las pinceladas", una operación con la que se ha conseguido "rescatar el ambiente etéreo en que se desarrolla la escena y las partes encendidas de luz que da significado a la obra", añade la nota del Museo del Prado y que, gracias al trabajo del equipo de María Álvarez-Garcillán, han vuelto a iluminarse.

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