Primera traducción española de la obra histórica de Sócrates Escolástico

Los profesores Ortolá Salas (izquierda) y García Romero, coordinadores de la traducción. Los profesores Ortolá Salas (izquierda) y García Romero, coordinadores de la traducción.

Los profesores Ortolá Salas (izquierda) y García Romero, coordinadores de la traducción. / m. h.

El profesor y académico jerezano Francisco Antonio García Romero y el titular del departamento de Griego de la Facultad de Filología de la UCA, Francisco Javier Ortolá Salas, han coordinado la traducción, estudio y comentario de los siete libros de la Historia eclesiástica de Sócrates de Constantinopla, más conocido como Sócrates Escolástico, para la prestigiosa colección Biblioteca Patrística de la editorial Ciudad Nueva. A finales de octubre pasado se publicó el tomo primero, con los libros I-III, y acaba de salir de las prensas el tomo segundo donde se incluyen los libros IV-VII de esta interesante y amplia obra historiográfica. Además, han colaborado en la traducción Manuel Acosta Esteban, Fernando Alconchel Pérez y los profesores titulares de la UCA Inmaculada Rodríguez Moreno y Joaquín Ritoré Ponce.

Los dos coordinadores no sólo han traducido partes de la obra sino que han tenido a su cargo las introducciones que se incluyen en los dos volúmenes, y García Romero, además, ha realizado los completísimos índices de nombres y lugares (con más de 1.500 entradas), que orientan al lector en la búsqueda de personajes y asuntos en una historia tan densa.

El libro I empezaba en el 312 con la célebre batalla en el puente Milvio y la victoria del emperador Constantino sobre Majencio tras la aparición del lábaro en el cielo, mientras que el libro VII llega hasta el año 439 con Teodosio II en el trono imperial.

Como el profesor Ortolá escribe en su introducción, "pocas líneas antes de finalizar el libro VII, Sócrates de Constantinopla parece encontrarse en una sombría encrucijada como historiador y como hombre de paz: "Mientras haya paz, los que quieran escribir obras históricas no tendrán materia que tratar" (HE VII, 48, 6). Difícil dilema para quien, amante de la concordia y de la verdad, contempla que sólo el ánimo belicoso de los hombres es argumento y motor para contar la historia".

De este modo, a Sócrates no se le escapará ningún suceso importante para entender tanto el desarrollo de la institución de la Iglesia como el devenir del imperio. En ambas esferas de su realidad veremos, por ejemplo, desfilar por sus páginas personajes de la importancia de Constantino, Arrio y los arrianos, el gran Osio de Córdoba, Manes y los maniqueos, Antonio y Atanasio, Basilio de Cesarea, Gregorio de Nacianzo, Juan Crisóstomo e Hipatia de Alejandría, o todos los emperadores de la época: Juliano, Valentiniano, Teodosio... Y se narran acontecimientos trascendentales como los Concilios de Nicea, Milán, Calcedonia o Éfeso, así como el reparto del imperio, la caída de Roma en manos de Alarico, el conflicto entre paganos y cristianos o los comienzos del 'cesaropapismo', en un relato de fácil y amena lectura que nos lleva de Roma a Constantinopla y de Jerusalén a Alejandría.

Especial interés muestra el historiador en el incipiente 'cesaropapismo' y en los enfrentamientos entre paganos, judíos y cristianos, a los que critica imparcialmente y por igual cuando su comportamiento se deja llevar por el fanatismo. También asiste el lector al reparto y la división del imperio entre Honorio y Arcadio. Por último, la atención de Sócrates se centrará en Roma y en Alarico y también en la cuestión de María Theotókos o en la aparición de una nueva capital del mundo, Alejandría. Allí convivirán a veces de forma beligerante la religión griega, el judaísmo y el cristianismo y surgirán figuras notables como el patriarca Cirilo o la inigualable Hipatia.

Sócrates, en efecto, narrará con tristeza su asesinato en la cuaresma del año 415: "Había una mujer en Alejandría cuyo nombre era Hipatia. Era la hija del filósofo Teón y llegó a tener una cultura tan grande como para alcanzar cotas muy por encima de los filósofos de su época, además de recibir en sucesión la escuela platónica procedente de Plotino y exponerles todos sus conocimientos filosóficos a los que querían. Por eso también concurrían ante ella los que, de todas partes, querían instruirse en filosofía… Lo cierto fue que, entonces, la envidia aprestó contra ella sus armas… la tiraron de su litera... y, después de quitarle el vestido, la mataron con cascos de vasijas… No poco fue el descrédito que esto les ocasionó a Cirilo y a la Iglesia de los alejandrinos: pues ajenos totalmente a las ideas cristianas son asesinatos, luchas y cosas como estas".

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