Puesta en abismo para el Pompidou

UN par de jornadas antes de que se clausurase Cine Dadá, cine surrealista (la temporal del Centro Pompidou Málaga), sus salas -así como 70 personas- fueron testigos del estreno de Mise en Abyme, proyecto liderado por Ximena Carnevale (Mar del Plata, 1980) en el que la bailarina y coreógrafa ha contado con un espléndido equipo: la coreografía la ha creado a medias con Thomè Araujo mientras que el apartado visual ha corrido a cargo de Martín de Arriba; Antonio Sicilia (vestuario), Leo Fabre (asesoramiento físico) y Ricardo López Jiménez (aká kitty soul), en la elaboración del espacio sonoro, han completado el elenco. Precisamente es López Jiménez a quien Carnevale se enfrenta en un duelo sónico que, a base de loops grabados en el momento, dota al obsesionante Le Ballet mécanique de Léger y Murphy de una dimensión vocal Dadá que se ayuda de los movimientos pendulares de un altavoz retro. Es éste uno de los momentos más performativos de un evento que muestra un enorme trabajo corporal; de hecho a la artista apenas le queda rincón por investigar, mientras palpa, rueda y se expresa a nivel gestual: ahí está esa identidad clandestina ante el Emak Bakia de Man Ray, presta a solicitar en cualquier momento que sí, que la dejen en paz. Mensajes rotundos ("No más sangre") impresos en un vestido que le sirve de refugio en el que enroscarse, encarnando los círculos de Duchamp, danzando como si levitase. Un baile a cuatro pies, con el entierro absurdo de René Clair como telón de fondo que da paso, para acabar, a la estancia donde la potente figura de Carnevale, elevada sobre una suerte de trono tras un cortinaje de menaje futurista, remata una pieza que se funde, y de qué manera, con la poética del metraje vanguardista. Abriendo otra puerta.

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