Oriol Bonet. Baterista de Love of Lesbian

"Queremos dar importancia a la parte poética de nuestro trabajo"

  • La banda presenta en la próxima edición del Weekend Beach Festival 'El poeta Halley', un álbum más libre fruto de un largo proceso de reflexión.

"Por eso estoy por aquí otra vez / rebuscando en mi almacén esa palabra (..)". Tras los éxitos de 1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna) o La noche eterna. Los días no vividos, los componentes de Love of Lesbian se tomaron su tiempo: estaban, asegura Oriol Bonet, batería y programación del grupo, interrogándose cuáles eran los pasos que debían dar, y en ese intervalo ganó, prosigue el músico, ese interés por cierta poesía que es una de las marcas de la casa. En El poeta Halley (Warner), los intérpretes de ese coreado Club de fans de John Boy se sienten libres y lo celebran con su particular lírica. El día 7 de julio, el grupo presentará este trabajo en la próxima (y ya muy esperada) edición del Weekend Beach Festival de Torre del Mar. El propio Bonet es el que explica en esta entrevista la filosofía de la banda.

-En el tema Psiconautas se dice: "Puede pasar que la vida, en vez de un poema, te pida un blues". ¿Qué le pide la vida ahora al grupo?

-Ahora lo que nos pedía la vida era relajarnos un poquito y reflexionar sobre por qué queríamos seguir tocando, seguir dedicándonos a esto. En ningún momento nos planteamos dejarlo, pero después de haber saboreado un pseudoéxito nos cuestionábamos qué camino queríamos tomar: si dejarnos llevar por la presión, por esa idea de que tus canciones tienen que sonar en festivales, o seguir buscando para encontrar la magia, la parte poética de nuestro trabajo.

-¿Y a qué conclusión llegaron en ese proceso?

-Que seguimos en esto porque nos encanta, básicamente. Digamos que entendimos que la causa por la que seguimos es porque continuamos buscando la magia, y que una consecuencia de eso es el éxito. Que no debería ser al revés: la consecuencia que es tocar delante de 10.000, 15.000 ó 50.000 personas no debe ser la motivación principal para hacer canciones. Lo que nos pedía la vida era decidir qué queríamos: si la magia o el éxito. Ser honestos con nosotros mismos.

-Esa libertad se respira en el disco. Hemos hablado antes de Psiconautas: ese corte revela que no quieren dejarse llevar por lo establecido.

-Exacto. Es eso. El poeta Halley se llama así por dos razones, porque queremos dar importancia a esa parte poética de lo que hacemos. Y dos, porque la inspiración no está ahí siempre, va y viene, es como un cometa porque aparece cada cierto tiempo. El tema de la poesía nos ha llevado a escoger espacios que no sean muy grandes, recintos donde se pueda defender ese concepto.

-El disco tiene menos humor, más serenidad. ¿Esa renuncia es quizás un peaje que se paga con la edad?

-Podría ser un peaje que nos hemos impuesto. No sé si hemos abandonado esa parte más carnavalesca, igual la retomamos en el siguiente álbum, que igual es una chaladura. Pero veíamos que habíamos hecho eso en discos anteriores. En el espectáculo Espejos y espejismos cogimos la parte más intimista de la banda, y nos dimos cuenta de que podíamos hacer eso, que no necesitábamos tirar de lo otro. Poner algo bizarro era como una seña de identidad nuestra, pero comprobamos que podíamos hacer algo más reflexivo, más reposado. Hay alguna canción como El yin y el yen o I.M.T. (Incapacidad Moral Transitoria) que funcionarían como cierto contrapunto, pero intentamos que las letras no fueran banales. Tampoco renegamos de esa vertiente: temas como Si tú me dices Ben, yo digo Affleck van a sonar en la gira. Simplemente, es otra etapa. Queríamos hacer un punto y aparte.

-Ha mencionado antes El yin y el yen. En su letra se dice: "Pienso sublimar el odio en esta vil canción, me sirve de terapia". ¿La creación es para ustedes una forma de enfrentarse a sus fantasmas?

-De hecho, para nosotros la música es el mejor psicólogo que se puede tener. En El yin y el yen hablamos de cómo internet y las redes sociales, que también han hecho mucho bien, dan voz a gente que no tiene criterio o que es capaz de cargarse la obra de un artista, ya sea un espectáculo de teatro, una película o un disco, en 140 caracteres. Cuando estrenamos Psiconautas, que es un tema que dura nueve minutos, a los cuatro ya estaba alguien poniéndola verde. Seamos constructivos, no destructivos. Cada vez estamos menos dispuestos a aceptar una crítica mala [ríe], pero, oye, si vas a hacerla... arguméntala, ¿no?

-De todos modos, ustedes no pueden quejarse de falta de apoyos. Vienen de presentar el disco en México y allí ha sido un éxito, y aquí agotan sus entradas para los conciertos.

-Sí, y diré más. En la promoción de El poeta Halley nos encontrábamos con gente muy jovencita que no nos había visto en conciertos pero ya compraba nuestros discos. Nos dio la sensación de que estamos haciendo un público nuevo aparte del fijo que ya teníamos. Y nos ilusiona mucho que sea con este trabajo, que es más denso, más encriptado. Estamos un tanto sorprendidos incluso.

-El hecho de que Candela, la hija de Serrat, fuera admiradora del grupo facilitó que él participara en el disco.

-Serrat ya estuvo a punto de cantar con nosotros en el final de la gira de La noche eterna, pero al final le surgió algo y no pudo venir. En el parón que hemos tenido este año, Santi, Juli y Dani han hecho una serie de conciertos poéticos con Pancho Varona [guitarrista y coautor de un buen número de canciones de Joaquín Sabina]. Ahí se nos ocurrió cómo sonaría un poema leído por Serrat al final de nuestro disco. Estamos muy lejos en planteamientos musicales, pero nosotros lo idolatramos porque cuida la lírica, y es simbólico además que él esté en un álbum que no renuncia al brit pop pero en el que son más evidentes nuestras raíces mediterráneas. Cuando vino a grabar estábamos todos nerviosísimos: Serrat era lo que ponían en mi casa cuando yo era pequeño. Lo primero que hice cuando se fue del estudio fue mandarle una foto con él a mi padre. Serrat, comoDavid Bowie, como Robert Smith, como Sabina, forma parte de esa gente que nos ha influido no sólo en lo musical, sino en su actitud ante la vida.

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