Rafael Inglada reivindica las "pequeñas joyas" de la poesía

Es uno de los pilares "capitales" con los que cuenta la ciudad, pero "se está perdiendo". Con estas palabras, Rafael Inglada comenzó ayer en el Ateneo su conferencia en torno a la tradición impresora de Málaga, su pasado, presente y "oscuro futuro", vaticinó el poeta y editor. La charla forma parte de las sesiones del Foro de Opinión Ateneísta Una Málaga de la cultura es posible, en el que colabora Málaga Hoy.

"La importancia está en el autor y, sobre todo, en que Málaga imprime un carácter muy especial a sus ediciones", comentó Inglada. La aparición de la revista Ambos en 1923 -gracias a la labor de Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, Emilio Prados y José María Souvirón- fue el comienzo de la etapa de esplendor editorial de los años 20. La revista Litoral y sus suplementos colaboraron en ese empuje, "y en los años 30 se produjo un apagón sobre todo en la cercanía a la Guerra Civil", relató el ponente.

Por fortuna para la tradición impresora, a partir de finales de los años 40 y en los años 50, esta labor artesanal "se revitalizó" con colecciones como Arroyo de los Ángeles, A quién conmigo va y, sobre todo, con la revista Caracola. La imprenta Dardo y la antigua Imprenta Sur ayudaron al resurgir de un trabajo impresor que tuvo en Ángel Caffarena a uno de sus máximos exponentes. De ahí que en los años 60 y 70 se siguiera creando colecciones. "Esa continuidad es la que ha mantenido viva la llama de la poesía en Málaga", aseguró Inglada.

En la ribera del autor contribuyeron por esa época a revitalizar el género nombres como los de Rafael León, Alfonso Canales o Enrique Llovet. "Pero a partir de los años 80 hubo otro parón y 90 con la muerte de Caffarena ya quedan pocos impresores que hayan mantenido la tradición", puntualizó el conferenciante. La excepción está en esfuerzos como los de Francisco Cumpián y su colección El árbol de Poe o los trabajos editoriales del Centro de la Generación del 27.

De cara al futuro, Inglada considera necesario resucitar la tradición "y adaptarla a la situación actual", aprovechando las nuevas tecnologías para economizar y agilizar las ediciones, aunque se corran riesgos. "Pierde la gracia de componer letra a letra, pero lo importante es el resultado final", sostuvo. En esa línea el editor apostó por no masificar de números las ediciones, de modo que las colecciones de poesía sigan siendo "pequeñas joyas bibliográficas", íntimas, de corta tirada "y buscadas por los coleccionistas", añadió Inglada.

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