Raúl Tejón devuelve la obra de Chéjov al Festival de Teatro con '3 hermanas'

  • El espectáculo llega mañana al Cervantes y tiene como protagonistas a Raquel Pérez, Ana Fernández y Silvia Marty, entre otros

El reparto de '3 hermanas', montaje de la obra de Chéjov que dirige Raúl Tejón, en una imagen promocional. El reparto de '3 hermanas', montaje de la obra de Chéjov que dirige Raúl Tejón, en una imagen promocional.

El reparto de '3 hermanas', montaje de la obra de Chéjov que dirige Raúl Tejón, en una imagen promocional. / teatro cervantes

Si hay quien eche de menos una mayor presencia del patrimonio escénico que supone la obra dramática del escritor Antón Chéjov (1860-1904) en Málaga, y más especialmente en su Festival de Teatro, al fin quitarse la espinita. El Teatro Cervantes acoge mañana a las 20:00 la representación de 3 hermanas, una versión de Raúl Tejón sobre la obra Las tres hermanas de Anton Chéjov en la que el autor ruso reflexiona sobre el sentido de la vida (lo que no deja de ser una constante en toda su literatura) a través de temas como el amor, la injusticia, el destino, la insatisfacción y "el cómo caemos siempre en los mismos errores", explica Raúl Tejón, autor de la adaptación y responsable también de la dirección del montaje. Las actrices Raquel Pérez, Ana Fernández y Silvia Marty encabezan un reparto que completan Emilio Buale, Carles Francino, Fernando Albizu, Antonio Vico, Sabrina Praga, David González y Chema Trujillo.

Considerada junto a Tío Vania una de las obras más complejas de Chéjov, el texto cuenta cómo tres hermanas, nacidas en Moscú, son trasladadas por su padre a una ciudad de provincias tras la muerte de su madre. Allí crecerán y pasarán una, la infancia, y las otras dos, la adolescencia. Esa población donde no sucede absolutamente nada es una tumba en vida para las tres chicas que, acostumbradas a la vida de la capital, ven cómo sus existencias se consumen, bien en el ocio, bien en la apatía o bien en el trabajo duro como único modo de acallar el aburrimiento. La situación permite al escritor ruso hacer una reflexión sobre el sentido de la vida y las consiguientes preguntas sin respuesta: ¿para qué vivimos?, ¿cuál es la razón de todo el sufrimiento que siente el ser humano?, ¿es el hombre el culpable de vivirlo, o hay un plan que desconoce y que le obliga a padecerlo?.

Transcurridos más de 150 años del nacimiento del melancólico autor soviético, todavía hoy el hombre se plantea las mismas preguntas. Antón Chéjov nació en una remota aldea de Crimea, hijo de un hombre muy religioso que infligía todo tipo de castigos a su familia, y sabía perfectamente de qué se compone el sufrimiento del alma humana. La propuesta escénica que podrá verse en el Cervantes plantea que ha pasado más de siglo y medio y la humanidad sigue en el mismo punto.

La adaptación realizada por Raúl Tejón parte de esa idea de la incapacidad del hombre para evolucionar en cuanto a la conciencia que tiene de sí mismo. La incapacidad que siente cuando se enfrenta a otro ser humano, incluso desde el amor, fuente de grandes sufrimientos: por un lado hace sentirse vivo y, por otro, desdichado. Por mucho que lo intente, parece que el ser humano no puede salir de las mismas situaciones, aunque cambie el escenario, la época o la sociedad. Está encerrado en un bucle que lo atrapa; éste es el enfoque que Tejón ha querido dar a su versión del clásico. Una visión que, explica, "aspira a generar nuevas preguntas sobre Las tres hermanas" y en la que, con el fin de hacer la función más cercana, ha introducido cambios en los nombres y características de los personajes con respecto al nombre ruso original. Se eliminan también las referencias geográficas y espaciales para reforzar esa sensación de limbo, de fuera de sitio, en el que se mueven los protagonistas.

El también director de la función reconoce que el escritor soviético ha marcado, de alguna manera, su carrera. "Chéjov nunca se acaba. En sus funciones te encuentras el universo entero. Te habla del alma humana, de la existencia... y, encima, lo hace de un modo especial. Shakespeare juzga a sus personajes, pero Chéjov no. Él fue maltratado y ninguneado por su padre, que lo abandonó siendo niño. Aún así salió adelante y fue capaz de perdonarlo, cuidarlo y darle una vida digna hasta el final de sus días", subraya Tejón. El alma humana queda así al descubierto.

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