Regreso a Melniboné

  • La adaptación gráfica 'Elric. El trono del rubí', publicada por Yermo Ediciones, muestra al personaje más oscuro y complejo que nunca

"He visto algunas interpretaciones visuales de Elric de Melniboné realmente magníficas. (…) Todas fueron acertadas, hermosas y excitantes, y siempre me ha costado escoger mi preferida. Hasta ahora. Entre todas las adaptaciones gráficas de las historias de Elric, hay una muy cercana a la visión original del personaje. Es la que tienes en tus manos", con estas palabras presenta Michael Moorcock el álbum Elric. El trono de Rubí. Y si el mismísimo padre de la criatura ha dictado tal sentencia, poco me queda a mí que añadir.

Confieso de antemano que estoy enamorado de los libros de Elric, así como de sus traslaciones a historieta. En la citada presentación del álbum, Moorcock recuerda una primera adaptación de James Cawthorn que se me escapa, pero he leído y coleccionado las distintas versiones desde Philippe Druillet hasta Walter Simonson, pasando por la nutrida lista de aportaciones citada por el escritor (en la que falta, por cierto, los toscos dibujos del primerizo Barry Smith en Conan the Barbarian), y todas ellas me han emocionado en mayor o menos medida, cada una por razones distintas. Quizá la que más, con permiso de Michael Whelan, sea la tersa interpretación de Craig Russell de The Dreaming City y While the Gods Laugh, de cuando el genial dibujante no se había dejado aún seducir por las ventajas del coloreado digital. Pero claro, Russell juega con ventaja: sus primeros cómics de Elric (adaptados por Roy Thomas) fueron también mi puerta de entrada al personaje.

He dicho que soy un enamorado de Elric, como lo soy (en mayor medida) del Conan de Robert E. Howard, pero no me considero un fanático propiamente dicho del género fantástico, del que me interesan solo sus grandes obras, especialmente de las que exceden los límites del género. Tanto Conan como Elric son máscaras que usan sus creadores para representar, y criticar, la sociedad que les tocó vivir. El primero es un trasunto emocional e ideológico de Howard y el segundo "encarna mi rechazo a muchas postulaciones morales en las que me educaron en la Gran Bretaña de la posguerra, una nación aislada que antaño había reinado sobre casi todo el mundo conocido. Mis tiras y aflojas con esta nación y su cultura me han ayudado a dar forma a gran parte de mis libros, tanto de forma directa como simbólica". Estas últimas son de nuevo palabras de Moorcock.

Teniendo en mente las intenciones del escritor, cobra aún más validez el soberbio trabajo del guionista Julien Blondel y los artistas Didier Poli, Robin Recht y Jean Bastide, que representan como nunca los lazos de Melniboné con nuestra propia y decadente civilización. El álbum editado en español por Yermo Ediciones, presenta un "Elric liberado de las restricciones del comic-book", tal como explican los autores en los prolegómenos del libro. "No es un superhéroe ni una versión moderna de Conan el Bárbaro", dicen, y resulta verdaderamente más oscuro y complejo que nunca, beneficiado por un admirable diseño de personajes y la espléndida labor de ambientación.

Julien Blondel, Didier Poli, Robin Recht, Jean Bastide. Yermo Ediciones. 368 páginas. 32 euros.

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