sylvie imbert. maquilladora

"Respeto mucho a los actores, la gente no sabe lo que aguantan"

  • La ganadora de dos Goya por 'Blancanieves' y 'Nadie quiere la noche', referencia del cine español en su oficio, recibió ayer el Premio Ricardo Franco

Sylvie Imbert, ayer, en el Festival de Málaga. Sylvie Imbert, ayer, en el Festival de Málaga.

Sylvie Imbert, ayer, en el Festival de Málaga. / j. zapata / efe

Nada más recibir el Premio Ricardo Franco del Festival de Málaga ayer en el Teatro Cervantes, Sylvie Imbert salió escopeteada, se cambió a toda velocidad de vestuario y subió a un coche que la condujo directamente al rodaje en alguna localidad española de El hombre que mató aDon Quijote, de Terry Gilliam, donde tenía que estar a las seis de la mañana de hoy. Imbert no da muchas pistas sobre tan esperado rodaje, salvo las referencias a Gilliam como genio hiperactivo, pero se muestra como una verdadera apasionada de su trabajo con la dosis justa de glamour. Maquilladora esencial del cine español, ganadora de dos Goya por Blancanieves de Pablo Berger y Nadie quiere la noche de Isabel Coixet y aliada esencial de Fernando Trueba y José Luis Cuerda entre otros, Imbert resulta especialmente clarificadora al hablar sobre el cine desde dentro.

-¿Qué porcentaje de la construcción de un personaje de cine corresponde al maquillaje?

-El maquillaje es importante, seguramente más de lo que piensa la gente. Hacer un buen maquillaje natural, discreto, que por ejemplo se limite a resaltar la belleza del intérprete y que aguante bien en pantallas enormes no es precisamente fácil, y menos aún con todos los procesos del rodaje ya digitalizados. Pero también es muy importante resolver bien un maquillaje que tenga alguna característica especial. En estos casos hay que tener en cuenta la idea que tienen del personaje tanto el actor como el director, sin dejar de hacer una apuesta propia. Es esencial, en todo caso, es que el maquillaje esté bien resuelto.

-¿El maquillaje más agradecido es el más grotesco, o el que menos se percibe?

-A veces es bueno que el público no perciba un maquillaje, pero lo que sucede entonces es que el trabajo también se reconoce menos. Nunca, por ejemplo, se ha dado un Goya a un maquillaje natural, y los hay muy bien hechos a pesar de que no son fáciles. El maquillaje que se nota más es agradecido a nivel visual, pero también es más complicado de resolver. Insisto, los formatos digitales lo complican todo muchísimo. El rodaje de Nadie quiere la noche se hizo entero en digital, lo que dificultó bastante el proceso de degradación del personaje de Juliette Binoche sin que se notara la pincelada. La verdad, nunca pensé que me darían un Goya por ese trabajo.

-¿Cuál ha sido su trabajo más complicado?

-El de Blancanieves fue muy difícil, por tratarse de una película en blanco y negro, rodada en 16 mm y en formato de cine mudo. Hubo que crear una gama especial de colores con la que nunca habríamos trabajado en otra película. Fue un reto complejo, pero muy bonito.

-¿Y cómo es el día a día con los actores? ¿Alguna vez alguno se ha negado a llevar un maquillaje?

-No, nunca. Son gente entrañable. Cuando llegan a trabajar, muy temprano, las primeras personas a las que ven somos nosotros, los maquilladores. Y no siempre les apetece meterse en una sesión de maquillaje a las cuatro o las cinco de la mañana, pero por lo general llegan de buen humor. Yo les tengo mucho respeto a los actores. La gente no sabe lo que aguantan.

-¿Y con los directores?

-Con los directores también suele ser fácil, porque cuando haces un maquillaje ya has hablado con el director, ya sabes lo que quiere. Suelen dar instrucciones bastante precisas y tienes claro a qué atenerte. Algunos incluso te pasan material para que investigues. Me gusta mucho, por ejemplo, trabajar con Pablo Berger. Es muy minucioso con la preparación, te da el trabajo muy masticado.

-¿Hay alguna película que considere perfecta en cuanto al maquillaje, un modelo a seguir?

-Sí, 2046, de Wong Kar-wai. Me pareció preciosa, con un maquillaje tan hermoso, tan expresivo, que casaba tan bien con la luz. Me encantaría que me llamaran para hacer algo así. Pero siempre digo que me falta trabajar en un película de glamour. De glamour de verdad.

-¿Ha cambiado mucho su trabajo desde que empezó, especialmente tras la llegada del digital?

-El cine digital permite cambiar muchas cosas en la postproducción, a donde por cierto deberían invitarnos más a los maquilladores. Pero no ha cambiado demasiado nuestra forma de trabajar; como mucho, nos obliga a ser más finos en el trazo. Nuestro oficio ha cambiado en la medida en que cada vez se empiezan a rodar más películas sin que se tenga el presupuesto necesario para hacerlas. Esto se traduce en jornadas más largas y a un ritmo mucho más forzado y agotador. Antes, en los años 80, rara vez rodábamos más de ocho horas. Y hoy día, directores como José Luis Cuerda, Imanol Uribe e Isabel Coixet casi nunca acceden a rodar más de ocho horas cada día. Es posible rodar en menos tiempo. Las razones por las que no se hace, las desconozco.

-¿A quién le gustaría maquillar?

-A Meryl Streep. La admiro mucho como actriz, y admiro todo lo que está haciendo por hacer visible el trabajo de las mujeres en el cine. Tampoco he trabajado todavía con Pedro Almodóvar. Espero tener pronto la oportunidad.

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