Retorno a los ecos de Scarlatti

Aunque la conmemoración del 250 aniversario de la muerte del compositor Domenico Scarlatti se realizó durante el pasado año con numerosas propuestas nacionales sobre su figura, vuelven a resonar los ecos de su música para esta segunda velada dentro del IV Festival de Música Antigua de Málaga.

Recordemos que el año pasado se propuso la conocida Misa breve del compositor italiano y en esta ocasión la opción pasó por seleccionar la pieza tildada como Misa de Madrid. Se trata de una partitura, en definitiva, que nos otorgó de primera mano el acercarnos a la concepción vocal que plantea el profesor Le Corf. Su visión musical, avalada por sus numerosos años de experiencia en el terreno de la música antigua, en combinación con el buen soporte que le brindó Philippe Foulon con su viola da gamba sembró una buena simiente de equilibrio en la conjunción en términos generales. Fiel a tal cometido pudimos vibrar con un eficiente Agnus Dei a la finalización de la primera parte.

Fue todo un detalle por parte de Foulon, en combinación con el resto de miembros de Lachrimae Consort París, el bello interludio musical otorgado a la espera del Stabat Mater. Un gesto de nobleza y profesionalidad que se premió con grandes ovaciones.

Finalizó la sesión con la pieza reseñada anteriormente. Por ello, los espectadores que contemplaron y contemplamos extrañados la aparición de las partes de la secuenciación de un Magnificat en los programas de mano, tuvieron y tuvimos que buscar algo más adelante el texto completo de la pieza junto a su traducción. Otro detalle de agradecimiento a pesar de la errata cometida.

Realmente fue la obra musical que más cautivó a los presentes. La firme cuerda de sopranos con un buen entendimiento del desarrollo vocal en firme cercanía a los planteamientos más historicistas fue la columna vertebral de la excelencia. Algo que contrarrestó con una cuerda de bajo débil y una de tenor poco empastada entre sí. Pese a todo, el conjunto sumó efectismo y expresividad en donde la firme dirección, más quironímica que métrica, tuvo mucho que ver.

En definitiva una buena propuesta a pesar de retornar a la consabida religiosidad del maestro italiano.

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