Rosas de sutileza

  • Glossa publica la música de un espectáculo que reunió al conjunto vocal Graindelavoix y la compañía de danza Rosas

Desde que hace poco más de un lustro grabara su primer disco para Glossa, el conjunto belga Graindelavoix se ha convertido en una de las referencias insoslayables de la música antigua en Europa. Su forma de afrontar la interpretación del canto llano y las polifonías primitivas tenía un claro precedente en las maneras de Marcel Pérès y su Ensemble Organum, pero aplicar las técnicas ornamentales y de emisión orientalistas y de los machicots, típicas del grupo de Pérès, a los grandes maestros de la escuela franco-flamenca de los siglos XV y XVI (Ockeghem, De la Rue, Agricola) era sin duda un atrevimiento que a nadie dejó indiferente.

Acostumbrado a bregar con la música tradicional, el fundador y líder del grupo, el etnomusicólogo Björn Schmelzer, busca voces que aporten algo más que un trabajo académica y técnicamente competente. Su obsesión radica en integrar la personalidad individual de cada cantor, su timbre particular, sus instintos naturales a la hora de emitir, articular y ornamentar los sonidos, en un todo en el que se prima la intensidad, la emoción, el gesto, y en el que la música antigua no se usa como objeto de vitrina museística, sino como algo vivo, palpitante, que vale por lo que se oculta tras una primera mirada o una primera escucha más o menos convencionales.

Esa preocupación por el componente gestual llevó a Schmelzer a colaborar con Rosas, el grupo de Anne Teresa De Keersmaeker, una de las más prestigiosas compañías de danza contemporánea de nuestros días. Este CD es el resultado musical de aquel proyecto conjunto, que, coreografiado por la propia De Keersmaeker, se presentaba como continuación de anteriores producciones de la compañía: Cesena anuncia el nacimiento del día en un espectáculo en el que diecinueve bailarines y cantantes se mezclan en escena, dialogando entre ellos mediante el lenguaje corporal y la música del ars subtilior, una escena en la que los bailarines cantan y los cantantes bailan.

Lamentablemente, el CD de Glossa no recoge la parte visual del proyecto, pero la musical, que se subtitula Canciones para papas, príncipes y mercenarios (c.1400), consigue sin duda la conmoción que Schmelzer busca. Graindelavoix se presenta en formación de nueve cantantes (casi la mitad, españoles: Olalla Alemán, Albert Riera, Tomás Maxé, Antoni Fajardo), con el complemento de las voces de tres de los bailarines de Rosas, para sumergirse en el alambicado, refinadísimo y complejo repertorio de motetes, canciones y rondós de los maestros sutiles. Aunque el núcleo de la selección se centra en el Códice Chantilly, de donde salen piezas como la enigmática y poderosa Fumeux fume par fumée de Solage, hay también obras de Ciconia, de los Códices Mancini y de Turín, e incluso una canción tradicional serbia, que sirve de simbólico punto de contacto entre dos mundos en teoría ajenos, pero aquí funcional y expresivamente hermanados.

Graindelavoix. Björn Schmelzer Glossa (Diverdi)

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