Ruido y emoción

  • Einstürzende Neubauten funden vanguardia y rock en el Cervantes

"Algun día la hierba crecerá sobre todas las ciudades". Apocalíptico mensaje el de los alemanes Einstürzende Neubauten. Uno de los muchos con los que estos titanes del ruido y de la vanguardia, a veces travestida de rock y otras veces no, completan sus odiseas sónicas que, a falta de otro término mejor, habrá que denominar canciones. Y muchas veces lo son, pero siempre de igual. Lo de anoche en el Cervantes apabulló, pero no por que aplastaran -por favor, olviden su uso de turbinas y materiales de construcción-, sino porque su música transmite emociones al límite, humanas.

Tras un telonero que pareció improvisado, dicen que se llama Boe, la mejor banda germana posterior a la camada del krautrock se subió al escenario del Cervantes y en apenas un rato el teatro era suyo. Capaces de pasar del detalle más delicado a la más aparente brutalidad, esta banda demostró anoche que encasillarles en lo experimental, o tildarles de industriales, es empequeñecerles. Y ellos son grandes. Unruh, Hacke y Bargeld mantienen joven el espíritu de la banda a través de su más que visible veteranía. Siguen siendo rítmicamente sorprendentes, y matemáticamente humanos. Con ellos sabes que va a suceder algo pero nunca sabes qué exactamente. Sabes que habrá un gran clímax, pero no sabes cuando, ni tampoco cómo sonará. Así son, distintos.

Blixa Bargeld se comporta como el maestro de ceremonias de un cabaret, personaje propio del Berlín de entreguerras, aunque él es más un extraño ser surgido del celuloide de David Lynch. "Nunca antes he estado en Málaga, ¿y qué?". Él es el director de esta orquesta del ruido en la que el bajo de Hacke marca el pulso, el ansía de sonar poderosos, emotivos, vivos...

Cambiaron de época y discos como quisieron, incluso recuperaron una canción perdida de 1982 -de cuando Bargeld aún tocaba la guitarra, anoche sólo hizo air guitar-. No importa, todo es Einstürzende Neubauten. Si leen sobre cómo crean instrumentos quizá crean que son Les Luthiers, y no; si leen sobre sus brutales percusiones, sobre cómo golpean toda clase de tubos y metales, quizá crean que son los chicos de un popular anuncio de refrescos, y eso sí que no. Ellos son Einstürzende Neubauten, surgieron en Berlín en 1980 y aún suenan raros.

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