Sagrada desobediencia

  • 'María lloró sobre los pies de Jesús' es el nuevo eslabón en la elegante cadena narrativa de Chester Brown, tan absorbente como los anteriores

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Sagrada desobediencia

Títulos como Nunca me has gustado, Louis Riel o Pagando por ello, en los que tan importante es lo que se cuenta como la forma en que se cuenta, atestiguan que Chester Brown es uno de los narradores más interesantes de las últimas décadas. El desamor y la alienación adolescente, el retrato vital del líder rebelde canadiense del siglo XIX o una comprometida defensa de la prostitución son los temas de los tres libros antes citados, y todos ellos están compuestos con una sorprendente economía de medios, la sencillez propia de un genio.

María lloró sobre los pies de Jesús es el siguiente eslabón en esta elegante cadena narrativa, tan absorbente y depurado como cualquiera de los anteriores. Con el subtítulo de Prostitución y obediencia religiosa en la Biblia, Brown se aleja de la estrategia autobiográfica de otros trabajos anteriores y regresa a su vieja querencia por adaptar pasajes bíblicos (las cabeceras alternativas Yummy Fur y Underwater, publicadas a finales de la década de 1980 y mediados de la de 1990, respectivamente, contenían fragmentos en cómic de los Evangelios, realizados con el propósito de investigar las propias creencias del autor) para trazar una genealogía de la desobediencia y una nueva e iluminadora apología del meretricio. Las historias de Caín y Abel, Tamar, Rahab, Rut, Betsabé, la Virgen María y María de Betania, las parábolas de los talentos y el hijo pródigo y las preocupaciones del evangelista Mateo durante la escritura de su evangelio ("¿Qué debo hacer?", se pregunta el personaje, "Todo indica que la madre de Jesús era puta. Hasta el mismo Jesús lo dijo. Pero muchos de mis compañeros cristianos están en contra de la prostitución y no quieren oír la verdad") completan un libro de pequeño formato, pero gran calado.

Como es habitual en el autor, la obra se completa con un extensísimo apartado de notas finales, en las que Brown desgrana las fuentes que ha utilizado y amplía la comprensión de determinados apartados. En sus propias palabras: "Si tuviera que responder a las preguntas del censo (…) y se me preguntara cuál es mi religión, diría que soy cristiano. Mi comprensión de la religión se basa en la lectura de libros que ofrecen una interpretación más mística de las escrituras. Es una versión del cristianismo que no busca imponer valores morales o leyes religiosas a los demás; se centra en el interior. Como dijo Jesús, 'el reino de los cielos está en ti'. Busco conectar de forma personal con Dios, no imponer mis creencias a nadie. Aunque acepto que Jesús fue una figura histórica real, no creo que fuese Dios o el hijo de Dios, tal y como suelen argumentar los cristianos. Más bien creo que Jesús era un hombre espiritualmente avanzado. Quizá tuviera algún tipo de conexión especial con Dios, pero, en ese caso, sería una conexión que también está al alcance de otras personas. (…) Una persona cuya fe en el materialismo seglar cree que la consciencia nace de la materia, mientras que quienes somos religiosos diríamos que la materia nace de la consciencia".

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