Crítica de Cine

Salga el sol por Antequera

Dakota Johnson y Jamie Dornan. Dakota Johnson y Jamie Dornan.

Dakota Johnson y Jamie Dornan.

Si da pereza tener que ver la tercera entrega cinematográfica de 50 sombras de Grey, basada en el popular best-seller de E. L. James, imagínense ya tener que escribir sobre ella. Pero uno se debe al oficio y, en ocasiones, al servicio público, y aquí estamos para contarles las cosas que hemos visto y, también, padecido.

Y hemos visto más de lo mismo, o sea, erotismo y sadomasoquismo de almanaque embutido venga o no venga a cuento en lo que se supone una trama de suspense y conspiración criminal para acabar con la vida de lujo, pasión sexual irrefrenable y postureo profesional del señor Grey y su ahora esposa Anastasia, pareja imposible y aficionada a los grilletes que parece buscar el alimento de las fantasías caducadas de un público femenino maduro en un retrato íntimo de las relaciones hombre-mujer que no pasaría la prueba del algodón del feminismo más tolerante.

James Foley lo rueda todo como si estuviera haciendo un anuncio de coches o un publirreportaje de interiorismo de diseño, con canciones de perreo sexy y el claro convencimiento de que nadie se va a acordar de que un día puso su nombre en los créditos de esta infame y retrógrada trilogía que, por lo visto, ya se acaba. Hasta nunca.

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