Salvador Vega corta la única oreja del festejo

  • Julio Aparicio y Morante, sin trofeos, en un espectáculo de escaso contenido por el mal juego, en conjunto, de los toros

Salvador Vega se alzó como triunfador de un festejo goyesco en la plaza de Zaragoza, al conseguir el único trofeo en un festejo con escaso contenido.

Julio Aparicio, que no apostó por su primero, sufrió una cogida, con un serio achuchón, librándose por muy poco de una cornada. El sevillano-madrileño no quiso saber nada del toro que abrió plaza, correctamente presentado y sin entrega. Enfadó a la parroquia porque además se hinchó de errar con el verduguillo. El segundo, tras algunas protestas y perder las manos en una ocasión, fue devuelto. Lo cierto es que se había resbalado. No se entiende la devolución. Saltó un sobrero, con un buen pitón derecho en sus embestidas. Aparicio apostó por el izquierdo. Y en un arranque, en el que llegó a arrojar el estoque simulado para abrir la serie al natural, fue cogido feamente. En la arena estuvo a merced del astado, que le buscó con saña sin acertar a empitonarle. El torero finiquitó al animal de una certera estocada, muy caída, y dio la vuelta al ruedo como premio a su esfuerzo.

José Antonio Morante de la Puebla únicamente tuvo apuntes sueltos en su su primero, un ejemplar manejable, pero sin fuelle, el sevillano consiguió algunos apuntes interesantes por el pitón derecho, único potable del animal. Mató de estocada y recibió una fuerte ovación.

Morante recibió con un par de verónicas espléndidas al quinto, que no se empleó en los primeros tercios. El de La Puebla se lució nuevamente en un quite con suaves verónicas. El toro, muy descastado, se apagó como una vela y el sevillano lo finiquitó de inmediato.

Salvador Vega cortó una oreja al tercer toro, protestado de salida por un calambre, con escasa cara, pero que resultó noble, aunque tuvo escaso celo. Vega se encontró a gusto en una labor salpicada con destellos y en la que brilló en remates y en un par de pases de pecho fenomenales. Mató de estocada hasta la empuñadura que por sí misma era de premio y tras la que rodó el toro sin puntilla. El sexto fue un toro mansísimo que no tenía un muletazo y ante el que no pudo lucirse Salvador Vega.

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