Salvados por la segunda parte

  • La desigualdad en la calidad del repertorio ofrecido pasó factura · Una primera parte poco convincente deslució la resolución global del concierto de la OFM

Si hubiese que adjetivar la antepenúltima cita musical dentro de la programación de conciertos de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) la elección se quedaría en una única palabra: desigual. Y no me refiero al cambio de solista de última hora en donde Pekka Kuusisto fue sustituido por Matthew Trusler sino más bien por una tempestuosa primera parte más cercano al simple paseo escénico que a la más sincera interpretación.

Es curioso como un simple aplauso dado a destiempo puede causar un ruptura casi total con el sentido musical completo de la obra. Este fue el caso de Die schöne Mulesine, op. 32 de Mendelssohn en donde la pérdida comentada justo al término de la partitura causó un vacío que desvirtuó la interpretación y que llegó al propio sentimiento del director (no hubo más que verle).

En el caso del Concierto para violín y orquesta en re mayor, op 77 de Brahms podemos hablar de una mera ejecución técnica para salvar el tipo más que una degustación expresiva y plena de la obra. Trusler no aportó riqueza alguna a su discurso plano; nada que ver con el sentimiento intrínseco del concierto. A pesar que los maestros de la orquesta entraron tarde a las indicaciones del director invitado, la brusquedad en los golpes de arco del violinista lo hicieron todo durante el primer tiempo. Los acentos descarados en el uso de bariolage nos hablaron de un sonido agobiante y desigual, siendo además poco comunicativo con los músicos de la OFM. En el tercero sí se pudo vislumbrar la óptima técnica de solista, entendida con gran velocidad de dedos, y algo más resolutiva en la direccionalidad de la batuta. Pero llegó tarde en sus intenciones.

Afortunadamente para todos, la segunda parte fue la salvación del concierto. Los Nocturnes de Debussy quedaron claramente en un lugar destacado. Felicitaciones al maestro Rickenbacher por la matizaciones conseguidas en Sirènes en colaboración con la notable participación el grupo de mujeres del Coro Cármina Nova, sin dejar atrás las intervenciones de las maderas en bella sonoridad. En igual mérito quedó La alborada del gracioso de Ravel, siendo los aires españoles en compás de amalgama más brillantes que nunca y fielmente refrendados por los aplausos al cierre de la sesión musical.

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