"Saramago murió abriéndonos los ojos"

  • El Festival Internacional de Cine de Ronda abrió ayer su primera edición con 'José y Pilar', un documental sobre el día a día del Premio Nobel portugués en clave doméstica; su viuda estuvo presente en la proyección

El Festival Internacional de Cine de Ronda echó a rodar ayer con la presentación del documental José y Pilar, dirigido por Miguel Gonçalves Mendes y centrado en el día a día de José Saramago y su esposa Pilar del Río durante tres años, coincidiendo con el proceso de creación de su novela El viaje del elefante. La viuda del literato portugués, premio Nobel en 1998 y fallecido el pasado 18 de junio, estuvo presente en la proyección de la película.

-¿Le ha resultado doloroso ver la película?

-No, al contrario. Me reí mucho y me gustó mucho ver la vida que tuve con una persona excepcional. Cuando decidimos abrir nuestra casa fue una decisión conjunta.

-¿Y por qué lo decidieron?

-Porque el realizador se pasó siete años pidiéndonoslo, escribiéndonos correos, llamando por teléfono… Pero siempre con mucha educación y cortesía, y eso fue lo que nos desarmó

-¿Pudo verla José Saramago?

-Sí, llegó a verla, aunque no era la versión final. En el rodaje tenía muchas dudas, porque pensaba que no le interesaría a nadie. Pero cuando la vio se sorprendió, dijo que no se lo esperaba. Le encontró más sentido cuando la vio que durante el proceso de rodaje.

-¿Cómo fue la experiencia de convivir con un equipo de grabación durante tanto tiempo?

-Los ignoramos. Eran amigos, teníamos total confianza en ellos y siempre fueron respetuosos. Además decidimos que el hecho de que hubiera un equipo de grabación no iba a modificar ni un solo movimiento o hábito de nuestra vida. Y no lo hizo. Se muestra el retrato de la vida misma, el movimiento de la vida durante tres años.

-¿Fue necesario poner límites en algún momento?

-Claro que había límites, aquello no era un reality show. Era el trabajo y la complicidad entre dos personas: un creador fundamental del siglo XX y alguien que trabajaba a su lado y le traducía. Abrimos nuestra vida sabiendo que íbamos a mostrar el oficio de escribir. También en cierta forma el oficio de vivir, pero sin el más mínimo morbo.

-¿Tiene miedo de que después del documental se la vea como la asistenta personal de Saramago más que como su esposa?

-A ver, lo primero es que no tengo miedo. Lo segundo es que me da igual cómo me vean, lo importante es cómo sea. Y lo tercero es que ser asistenta de Saramago es un privilegio que millones de personas hubieran querido tener. Y ser esposa ya ni le cuento. Pero en última estancia, y lo más importante, es que soy Pilar del Río.

-La cercanía de la muerte es uno de los temas principales. Se refleja muy bien cómo lo afrontaba Saramago, con mucha naturalidad. ¿Pero cómo lo afrontaba usted?

-Él fue siempre así. Antes de empezar el rodaje escribió Las intermitencias de la muerte y hay un juego constante con ese tema. Decía que la muerte era la diferencia entre estar y no estar. Lo dice en la película y lo decía en la vida real. Y yo también trato de cargarlo de razón todos los días. Si me preguntas si tengo alguna idea mística, rotundamente no. Lo único que tenemos asegurado en la vida es la muerte. Ni si quiera la propia vida, porque tenemos que ganárnosla todos los días.

-En la película dice que quería morir lúcido y con los ojos abiertos. ¿Lo consiguió?

-En una cena con editores que celebramos en casa, dos antes de morir, estábamos hablando de la crisis económica, y él dijo: "¿Qué crisis económica? No hay crisis económica, sino moral. Y por eso muchos están padeciendo". ¿No cree que eso es tener lucidez? La lucidez que no tuvieron los jefes de estado en sus cumbres la tenía Saramago dos días antes de morir. Lo que no pudo hacer es morir con los ojos abiertos, porque se sintió cansado y se inclinó para atrás para descansar, y así murió. Pero él estuvo abriéndonos los ojos a los demás hasta el último momento.

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