Saramago persigue la felicidad "en paz con uno mismo"

  • El Nobel de Literatura presentó ayer en Granada los proyectos de su Fundación

José Saramago acarició ayer el vidrio de Castril como si fuera un premio Nobel. Algo pequeño pero con una importancia enorme. El escritor portugués asistió en Granada junto a su mujer, Pilar del Río, a la presentación de los proyectos que su fundación lleva a cabo en el municipio y que lucha por "grandes y pequeñas causas", como afirmó Del Río, su presidenta. "Todos buscamos la felicidad y hay quien confunde -dijo- felicidad con riqueza cuando la felicidad es sólo estar en paz consigo mismo, mirarnos y recordar que no hemos hecho demasiado daño a los demás". Ayer sonrió y dijo estar cada vez más feliz aquí.

Partiendo de los Derechos Humanos, la institución se dedica a crear talleres relacionados con la cultura y el medio ambiente, como la producción del vidrio -tradición que se remonta al siglo XVI-, la recuperación de la teja árabe, un curso de albañilería o la celebración del festival Siete Soles, Siete Lunas. Al finalizar la presentación, el matrimonio asistió a una demostración del taller de vidrio soplado en el patio de la Delegación del Gobierno, donde les obsequiaron con algunos ejemplares.

El acto se convirtió en una oportunidad única para escuchar hablar al Nobel de Literatura de la felicidad o la humildad sin metafísicas. En lo referente a este tipo de trabajos, Saramago afirmó que no sólo de pan vive el hombre, "aunque sí es cierto que para vivir todo lo que se necesita es pan". La serie de talleres que han nacido gracias a su fundación dará trabajo a unas treinta personas y, lo que es mejor, ayudará a Castril a producir productos propios.

Humilde y sabio a partes iguales, Saramago dice que todo lo que se diga de él le parece exagerado y excesivo. "No es falsa modestia, me siento puesto en evidencia. Llevo así mucho años pero aún no me acostumbro. Ha sonado una cantidad de veces mi nombre como si fuera una varita mágica que sólo hubiera que mover" y no sería posible sin la ayuda de su mujer, de Castril y de su alcalde, Juan Mar. "Mi nombre podría no ser nada sin ellos". Gracias a todos los apoyos, ha sido posible constituir la fundación, que comparte sede con Lisboa y Lanzarote. "La idea de crear la fundación surgió de Juan Mar y al principio me negué", explicó ayer el escritor, pero Mar "insistió y me propuso que cambiáramos lo de fundación por centro".

Para la mujer de Saramago y traductora de sus obras al español, "hay lugares que nacen afortunados y Castril es uno de ellos, por su naturaleza y porque aquí es posible disfrutar de una cultura que nace de la tierra". Es posible, dijo, "ir más allá de las multinacionales, de la música de masas que pinchan en las radios o de la canción del verano. Estoy segura de que asistirían más personas que al festival Siete soles, siete lunas, pero aquí es posible escuchar a alguien de Cabo Verde cantando para Castril".

La tradición como motor de modernidad, aunque, advirtió Saramago: "Hay tradiciones buenas y malas, como lanzar una cabra desde un campanario o lancear un toro hasta la muerte", costumbres muy distintas a la veneración por el burro en Sicilia, que contribuyó a su desarrollo o la producción de vidrio en Castril.

"La admiración y el afecto a Saramago va más allá de su papel literario", subrayó el delegado del Gobierno andaluz de Granada, Jesús Huertas. "Es un ejemplo ético". Ayer el Premio Nobel de Literatura lo demostró.

Además de escribir, Saramago dijo "estar atento a las realidades del mundo, a las buenas, y sobre todo a las malas", con el objetivo de dar pasos hacia la felicidad. "Más vale equivocarse que mostrar indiferencia. Hay que saber lo que se es, que no hemos hecho demasiado daño. No se puede evitar, pero, si estamos atentos, el daño será mínimo", manifestó Saramago.

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