Scharoun y su aportación

  • El arquitecto alemán Bernhard Hans Henry Scharoun (1893-1972) creó un edificio de éxito con su sala de conciertos de la Filarmónica de Berlín, que el futuro Auditorio de Málaga tiene como modelo

No busquen el nombre de Bernhard Hans Henry Scharoun (1893-1972) entre los arquitectos que ocasionalmente aparecen en las páginas de revistas de tendencias, ni tampoco esperen que lo mencionen los miembros del star system arquitectónico actual. El maestro de Berlín, aunque nació en Bremen fue en la capital alemana donde desarrolló su carrera y dejó su impronta, es uno de los grandes tapados de la modernidad. En Málaga apenas se había pronunciado su nombre, tampoco había habido muchas ocasiones, pero desde que se supo el pasado lunes el proyecto ganador del concurso internacional de ideas para el Auditorio de la Música, el AGP 20:12 de Federico Soriano y Agustín Benedicto, Scharoun ha pasado a formar parte de nuestro pequeño imaginario local. Su nombre aparece en uno de los paneles informativos del equipo ganador, que se exhiben en las salas de la Sociedad Económica de Amigos del País hasta el próximo 9 de febrero, y su sala de conciertos para la Filarmónica de Berlín es una influencia clara y reconocida.

Scharoun es una de las personalidades más peculiares de la arquitectura alemana del siglo XX. Durante los años del nazismo su carrera apenas tuvo relevancia, pese a lo cual no se marchó del país como sí hicieron Gropius y Van der Rohe. La caída de Berlín en 1945 supuso el primer paso para la ascensión de Scharoun, a quien los Aliados pusieron al cargo de la gestión urbanística de lo que quedó de la ciudad -también comenzó su docencia en la Universidad Técnica de Berlín-.

Desde 1946, y ya situado como una figura relevante en la arquitectura de la RFA, Scharoun comenzó a construir, pero no fue hasta una fecha muy tardía que decidió probar con tipologías monumentales. Pero toda su obra se caracteriza por su raíz humanista, más allá de que su urbanismo para Berlín no fuese siempre bien apreciado. En vida, su obra más importante y por la que es recordado, fue la sala de conciertos de la Filarmónica de Berlín (1956-1963) -tras su muerte se construyeron algunos proyectos suyos, como la Biblioteca estatal de Berlín-. Salvo por la embajada de Alemania en Brasilia (1963-1969), toda su obra está en su país, y la mayoría en Berlín.

Su auditorio berlinés resultó una sorpresa, ejemplo del imaginativo uso del espacio por parte de Scharoun, cuya gran virtud técnica es su alabada acústica -Herbert von Karajan, director de la Filarmónica de Berlín de 1955 a 1989, siempre alabó su sonido-, pero es la disposición de la orquesta, en el centro de la sala con el público rodeando al conjunto y al director, el rasgo más distintivo, admirado e imitado. El proyecto de Auditorio para Málaga, de Soriano y Benedicto, toma esa solución de Scharoun, e incluso se pueden ver cercanías en el volumen del edificio.

En España, la tradición nunca ha sido seguir la línea de Scharoun, quizá porque nuestras construcciones han sido siempre más conservadoras: cajas acústicas. Tampoco las propuestas formalmente más llamativas, como el fracasado Auditorio de Tenerife, de Santiago Calatrava, se han sumado a esta disposición. Pero la propuesta de Soriano y Benedicto -experto en la obra del alemán- sí lo ha hecho, aunque con la variante de su doble uso, sinfónico y lírico. Para el jurado del concurso fue un punto a favor la sala y su solución, así como para el director de la Orquesta Filarmónica de Málaga, el maestro Aldo Ceccato. Y como todo, ya estaba inventado.

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