Y Shakespeare creó a la mujer

  • Rafael Álvarez 'El Brujo' regresa al Cervantes para presentar, dentro del Festival de Teatro, su último montaje, inspirado en 'La invención de lo humano' de Harold Bloom y dedicado al universo femenino del bardo inglés

El mismo Rafael Álvarez El Brujo (Lucena, 1950) lo comentaba antes de la rueda de prensa de ayer con Miguel Gallego, director de producción del Teatro Cervantes y responsable del Festival de Teatro: "En los últimos años he venido a Málaga muchas veces, pero en el Cervantes no actúo desde que hice El avaro en el 92". Cierto: montajes emblemáticos con San Francisco, juglar de Dios, El ingenioso caballero de la palabra, El testigo, El contrabajo y Una noche con El Brujo se han podido ver en otros escenarios de la capital, pero no en el mayor (El Evangelio de San Juan, por cierto, aún está pendiente de estreno en la provincia). Una anomalía que se resuelve al fin esta semana con Mujeres de Shakespeare, el último espectáculo del gran actor y director, que tuvo ayer su primera función y repite hoy y mañana (a las 21:00) dentro del mismo festival. Rafael Álvarez admitió ayer que, tras abordar a Cervantes y al mismísimo Cristo en el Evangelio, su instinto afín a las obras maestras de la literatura (el mismo que ya le ha puesto en dirección a la Odisea, que espera estrenar el próximo verano) le condujo a Shakespeare. Pero no de cualquier manera, sino a través de su universo femenino. Una opción por la que se decantó tras la lectura de La invención de lo humano, del crítico Harold Bloom.

"Yo estaba de vacaciones en el Caribe leyendo La invención de lo humano y tenía la idea de hacer un espectáculo sobre el cosmos trágico de Shakespeare. Pero, claro, me salió otra vez algo cómico. Imagino que con tantas mulatas paseando por la playa con su andar ondulante no podía ser de otra manera", explicó ayer El Brujo con su proverbial ironía. "Decidí entonces aparcar la tragedia y centrarme en las comedias de Shakespeare, que son toda una fiesta, una explosión de vida, y en las que las mujeres gozan de un protagonismo esencial", señaló el actor mientras subrayaba el ejemplo de Rosalinda, protagonista de Como gustéis: "Ella es más ágil, más humana y más capaz que Hamlet y Falstaff, pero es que además tiene más sentido del humor, algo de lo que no va precisamente sobrado Hamlet, sobre todo cuando lo interpreta Mel Gibson". Y no satisfecho con este panegírico, añadió al respecto: "Las mujeres de Shakespeare tienen siempre una altura moral e intelectual superior a la de los hombres, ya sean sus galanes o sus padres". Eso sí, aunque admitió que su obra (escrita por él mismo a partir de los episodios que Harold Bloom dedica al asunto en su ensayo shakespeariano) presenta una intención reivindicativa, ésta se expresa siempre "mediante la reflexión. Con esto no voy de feminista, sino de femenino".

Rosalinda, Beatriz, Catalina y la simpar Julieta son los personajes que sostienen la armadura de Mujeres de Shakespeare. Se trata, en el fondo, de proponer una nueva lectura de tan inmortales obras. Así, ya Bloom señala en La invención de lo humano que "sólo a partir de una lectura superficial de La fierecilla domada se puede deducir que los varones imponen su criterio a las mujeres; basta un poco de detenimiento para concluir lo contrario". Sobre esta inclinación generosa de Shakespeare hacia el género femenino "se ha escrito mucho, muchísimo, y hay quien lo achaca a cuestiones biográficas, lo cual, claro, entraña un enigma. Hay quien dice que Shakespeare fue homosexual y otros defienden lo contrario. Pero lo que sí es evidente es que su relación con las mujeres fue fuerte y determinante". Y El Brujo entra en materia: "En sus últimos sonetos, Shakespeare hace alguna referencia a una dama oscura. Algunos expertos afirman que esta mujer podía ser una mulata llegada a Londres, donde ejerció la prostitución y con la que Shakespeare vivió una relación tormentosa. Pero otros creen que esta dama oscura era en realidad un duque. En sus obras de teatro, además, hay un nombre que se repite con frecuencia, que es el de Rosalinda: así se llaman la protagonista de Como gustéis, la de Trabajos de amor perdidos y también la enamorada que tuvo Romeo antes de Julieta. Así que parece evidente que ese nombre significaba mucho para él y que al utilizarlo invocaba a su dama oscura".

Independientemente de lo que la secreta biografía de Shakespeare pudiera revelar en el futuro, cabe indicar que esta representación de la mujer como adalid de ingenio, eficacia y cordura por encima del varón no es exclusiva del autor en su época. En el Siglo de Oro español, sin ir más lejos, Calderón hace lo propio de manera clara en La dama duende, y en La vida es sueño la clave del éxito de Segismundo la tiene Rosaura, aunque, paradójicamente, en ambos casos las protagonistas se hagan pasar por hombres para lograr sus propósitos (en otra demostración, al fin y al cabo de su soberana astucia). ¿Hasta qué punto era natural esta tendencia? ¿Tal vez era una herencia del Renacimiento, donde la mujer aparece como representación de la belleza y la virtud (también Shakespeare opta por llamar a una de sus heroínas Beatriz, como la musa de Dante en La divina comedia)? El Brujo responde: "Los autores tienden a dar visibilidad a lo que está más oculto. Es posible que durante el Siglo de Oro se le otorgara en el teatro a la mujer el protagonismo que en la vida social del momento no tenía. Pero, aunque esto pudiera ocurrir en otras partes, en Inglaterra el fenómeno tuvo una singularidad especial por la presencia de la reina Isabel, una mujer de una influencia enorme que además hizo posible el esplendor del teatro en la época. Por eso el caso de Shakespeare es único".

Como viene siendo norma desde el alumbramiento de Lázaro de Tormes, para Mujeres de Shakespeare El Brujo comparece solo en escena, si bien en esta ocasión cuenta con la compañía en directo del violinista Javier Alejano, que subraya con su instrumento la palabra del actor y que ya se hizo cargo de la música de trabajos como El testigo. Rafael Álvarez destaca la importancia de la música en su mester de juglaría, y sonríe con la amplitud del maestro cuando se le pregunta por la preeminencia de la palabra cantada, o meramente dicha, sobre la escrita: "La palabra en voz alta transmite una energía que nunca puede contener la escritura. Es un dardo directo al corazón". Por eso, como es el caso, escribe cuando puede sus propios textos: "Uno ya sabe cómo suenan las palabras".

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