Kiti mánver. actriz

"Siempre hay algo tuyo en los personajes, pero prefiero que ellos me den a mí"

  • La intérprete presenta mañana en el Cervantes dentro del Festival de Teatro 'Sensible', adaptación de Juan Carlos Rubio y Chevi Muraday de una novela Constance Salm que une danza y teatro

Kiti Mánver (Antequera, 1953), en una escena de 'Sensible'. Kiti Mánver (Antequera, 1953), en una escena de 'Sensible'.

Kiti Mánver (Antequera, 1953), en una escena de 'Sensible'. / fotografías: sergio parra

-¿cómo es Sensible?

-Juan Carlos Rubio ha hecho un mix, que le llaman ahora, una fusión de dos disciplinas: la danza contemporánea y el teatro. Viene a ser un melodrama puro y duro. La historia de una mujer ya mayor que está enamorada de un amante jovencillo, lo ve con otra mujer y en 24 horas su mente y su físico y todo su ser desarrolla un mundo por ella. Es todo un abanico de sensaciones brutales que va desde el amor, el odio, la venganza, el rencor, el pánico, el miedo, la pasión, la envidia... todo eso se supone que pasa en solo un día, se lleva el amor a sus más altas consecuencias.

-¿Ha sido duro adaptarse del teatro a la danza?

-Todavía me duele. Siempre digo lo mismo, pero probablemente ha sido lo más difícil que he hecho hasta ahora. Yo tenía una buena base, soy una anciana mujer, como digo yo, pero me lo he currado muchísimo, pero aún así he tenido que poner un poquito. Yo específicamente... el que lleva el mundo del movimiento es el personaje de Chevi Muraday, Alfred, es el que se expresa a través del movimiento. Yo lógicamente tengo que ver con ese estilo, pero el mío es más apegado a la tierra. También tiene una enorme dificultad porque yo a él no le veo hasta el final del todo y estamos juntos todo el rato. Estoy muy contenta porque estoy hecha un toro.

-¿Cómo ha sido trabajar con Chevi Muraday?

-Ha sido maravilloso. Ya había visto alguna cosa de él y me ha gustado muchísimo, y después de pasar esos momentos de pánico... no era concentrarse para ensayar, sino super-reconcertrarse. Y claro, el espacio escénico es compartido por ambos personajes, y yo tenía un texto inmenso y claro, sin verle, era una cosa un poco... yo a veces me embelesaba y perdía mi papel porque me quedaba mirándole con la boca abierta, porque hace unas cosas maravillosas. Es pura fibra de sentimientos y de movimiento bello.

-¿Ha vivido una experiencia similar a la de su personaje, aunque sea remotamente? ¿Se identifica con ella?

-Lejanamente. Las mujeres que hemos conocido un gran amor sabemos de esa entrega. La mujer en general tiene una manera de sentir donde su entrega es infinita, parece que nunca va a terminar, y cuando crees que ya no tienes más ahí hay más todavía para dar, muchas veces sin recibir, pero en este caso el personaje de Constance es una mujer que ya te digo es su cabeza la que crea situaciones que solo están en su sentimiento y en su mente, pero es peligrosísima cuando puede contigo. Hay muchos libros de autoayuda y muchas terapias que te llevan a que dejes de crear esas situaciones, o que muchas veces recreamos una situación pasada, y sin que esté pasando estamos sufriendo lo mismo que si estuviera pasando. Remotamente sí la entiendo y reconozco ese personaje. Pero es curioso, porque de los espectadores masculinos que tenemos muchos han venido emocionados a decir que esa manera de amar -no tiene por qué ser, aunque el personaje sea el de una mujer mayor enamorada de un chico joven...-, ellos lo reconocen en sí mismos una manera de amar inmensa, y que te puede llevar a sitios que no pienso decir porque si no haría spoiler. Siempre hay algo tuyo en los personajes, pero yo prefiero que ellos me den a mí, soy muy egoísta.

-¿Alguna vez un personaje la ha poseído más allá del escenario?

-Cuando era mucho más joven siempre pensaba que a los actores que les podía el personaje y que se quedaban colgados con un personaje que yo casi miraba un poco por encima del hombro como diciendo: "eso no me va a pasar". Pero hasta que haciendo de Carmela, como ya estuve casi tres años haciéndola, en la última etapa empecé a notar una cosa un poco extraña, y decidí dejar de hacerlo. Las herramientas con las que los actores trabajan nos ponen en un sitio de mucha fragilidad. Yo recuerdo que un actor, cuando me atreví a contarlo, me dijo: "Bueno, esto tiene mucha lógica, porque tú estás obligando a tu psique y a tu cuerpo a vivir a diario". Y encima si eres un actor pasional y emocionalmente potente, pues más aún; no puedes hacerlo técnicamente, entonces obligas a tu cuerpo y a tu psique a vivir unas emociones diariamente, y en las épocas doradas del teatro que hacíamos tantísimos bolos y durante tanto tiempo una propia obra, no como ahora, que cada vez hay menos... Pero bueno, afortunadamente decidí dejarlo para sanearme porque notaba que estaba en una situación que no podía seguir. Como un poco que te ves desde fuera.

-¿Está el teatro peor que antes?

-Está como todo está en España, peor que antes todo. Es rarísimo en un país que ya habíamos dado pasitos culturalmente hacia más formación, hacia más todo, y ahora es menos todo, menos todo, menos todo... Lógicamente, pues el teatro es menos también. Es una pena pero es así. Entonces esto es lo que hay, pero bueno, hay que seguir haciéndolo con mucho amor. Luego, por otra parte, sí que es verdad que se han destacado nuevas salas.

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