Siga usted todo recto

Con menos de una docena de libros en el mercado, Fulgencio Pimentel hace del trabajo cuidado su seña de identidad, y el pequeño, pero creciente, catálogo que ofrece al lector es una especie de bocanada de aire puro y fresco en medio del atasco. Anders Nilsen, Jim Woodring y Olivier Schrauwen son, por ahora, la columna vertebral de un proyecto enriquecido también con las viñetas del mejor Joe Matt y el reincidente Michel Rabagliati, los poemas del "insiliado" cubano Rafael Alcides y este De postre, bonita colección de chistes del siempre interesante Mauro Entrialgo.

Reza la portada que son ciento diez, los chistes, digo, y antes de presumir en la presente compilación vieron la luz en la revista dominical Zazpika del periódico Gara, con firmas del autor fechadas entre 2005 y 2007. Son unas acuarelas esteticistas, de poética infantil, "para todos los públicos", pero ingeniosa y amablemente envenenada, pues el humor que se las promete blanco se ceba en realidad en la estupidez humana, el conformismo y la estrechez de miras. Entrialgo apela con insistencia al sentido común y su ironía nos recuerda el beneficio de detenerse un instante y mirar a los lados. "Todo recto, todo, recto, todo recto… Qué aburrido es este paisaje", dice el conductor de un vehículo que atraviesa literalmente los montes por una monótona autopista. A un lado y a otro, fuera del alcance de su visión, se esconde el panorama verde e intrincado, poblado de árboles y senderos. En otra estampa, un conductor que se detiene a preguntar el camino en una ciudad de callejas enmarañadas y curvas recibe hasta cuatro veces la dichosa indicación: "Siga usted todo recto, todo recto, todo recto, todo recto". Es como para pensárselo. Vamos, digo yo.

Mauro Entrialgo. Fulgencio Pimentel. 128 páginas. 26 euros.

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