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Sinfonía de asfalto

  • Sufjan Stevens dirige y pone música a 'The BQE', un filme sobre la autopista que une los barrios de Brooklyn y Queens

The BQE. Sufjan Stevens. Edición Digipack: CD (Banda Sonora) + DVD (Película). Ashtmatic Kitty Records / PopStock! 21 euros.

Fue el amigo David Linde quien nos alertó de la existencia de este precioso disco doble con el que Sufjan Stevens, sin duda uno de los grandes artistas del pop de comienzos de este siglo, ahí está su monumental Illinois (2005) para comprobarlo, daba un nuevo salto creativo en su irreprochable trayectoria. The BQE, cuyas siglas responden a The Brooklyn-Queens Expressway, a saber, el nombre de la controvertida y asendereada autopista urbana que une estos dos barrios de la ciudad de Nueva York desde los años 30, es el título de un filme experimental realizado por el propio Stevens como respuesta a un encargo de la prestigiosa Brooklyn Academy of Music en el 25 aniversario de su New Wave Festival.

Desde un punto de vista cinematográfico, The BQE bien puede alinearse con la tradición de las sinfonías urbanas que proliferaron en el cine europeo de vanguardia de los años 20 y 30, pienso en Berlín, sinfonía de una ciudad (1927, Walter Ruttmann), À propos de Nice (1930, Jean Vigo), Douro, faina fluvial (1931, Manoel de Oliveira) o El hombre de la cámara (1925, Dziga Vertov), cintas en las que se exaltaba la modernidad de la vida urbana a la luz de la nueva era industrial, mecánica y eléctrica, con una mirada experimental que trascendía el carácter documental de las imágenes a través de un uso creativo del montaje, el ritmo o los juegos reflexivos. The BQE tiene también algunos referentes más cercanos en títulos como Koyaanisqatsi (1982) y Powaqqatsi (1988), de Godfrey Reggio, documentales sin palabras en los que el caos y la agitación del mundo contemporáneo eran representados en escala épica a través de la ralentización y aceleración de las imágenes al son de la música repetitiva de Philip Glass.

Repartiendo sus imágenes tomadas por cámaras de super-8 y 16mm en tres pantallas dispuestas horizontalmente, Stevens busca en The BQE nuevas asociaciones y estructuras músico-visuales en las que lo figurativo asume poco a poco un carácter de abstracción. Apenas enlazadas por tres bailarinas de hula hoop, metáfora del movimiento circular perpetuo, las imágenes de The BQE discurren vertiginosamente, impulsadas por la música, creando figuras y formas, rimas y retornos, volúmenes, colores o efectos caleidoscópicos sobre una serie de elementos recurrentes: los coches que recorren la autopista en todas direcciones, los diferentes tipos de edificios y arquitecturas que se encuentran en su recorrido, la iconografía, netamente pop, de los letreros comerciales y carteles publicitarios o los cambios de luz de la mañana a la noche. Primero en movimientos laterales, luego en profundidad, Stevens busca crear una sensación parecida a la de ese parque de atracciones que aparece en un momento determinado del filme y en el que reina una consentida anarquía que no es otra cosa que el bullicio y el ritmo de la vida cotidiana que se abre paso.

Su música, interpretada por una orquesta de cámara de formación sui generis, confirma una vez más esa interesante hibridación entre cierta tradición folk y la escuela minimalista norteamericana, entre los instrumentos acústicos y los ritmos electrónicos, o lo que es lo mismo, el fértil y desprejuiciado cruce entre la música popular y la música culta que ha hecho de artistas como Nico Muhly, Owen Pallett o el propio Stevens los puntales de una nueva vanguardia instalada en la esfera del mejor pop-rock independiente de nuestro tiempo.

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