Sonámbulos culturales inundan las calles de la 'Noche en blanco'

  • Malagueños y foráneos llenaron ayer las calles del centro para participar gratuitamente de conciertos, espectáculos y obras de arte · Los intermitentes chaparrones deslucieron algunas actuaciones

Cualquier sábado por la noche de un mayo cualquiera la ciudad se convierte en un hervidero de gente en busca de un bar de tapas, uno de copas o que simplemente disfruta de una velada apacible. La de ayer invitaba además a disfrutar de una oferta cultural concentrada en un abultado programa de mano. El mismo que uniformó a malagueños y foráneos dispuestos a pasar La noche en blanco y fuera de casa; lástima que unos chaparrones deslucieran algunas actividades.

A las 20:30, junto a la Sala Gades ya se respiraba talento. Espejo Negro regresaba con el espectáculo de calle que desde hace tres años acumula aplausos. Los perros flauta comenzaban a hacer de las suyas entre el público y a arrancar las primeras sonrisas de la noche. Para Patricia, Alejandro y sus dos pequeños la velada de ayer no les era extraña. El año pasaron participaron de la primera edición -pasada por agua- y hace tres años en Madrid vivieron una experiencia similar "aunque más a lo grande, claro", comentaba Alejandro. Junto a ellos las jóvenes Carmen y Sandra planificaban su recorrido, a sabiendas de que no podrían abarcar, ni de lejos, toda la programación (80 visitas y actividades). "Si lo repartieran en un fin de semana sería mejor. Muchas cosas coinciden en la hora y es imposible verlas", lamentaba Carmen.

Sin necesidad de lazarillo, los miles de sonámbulos culturales que ayer buscaban alicientes marcaban el itinerario a seguir. Una de las paradas más concurridas concentraba junto al CAC las miradas bajo el lema Málaga y la cultura. Cuatro estudiantes de la Escuela de Arte San Telmo plasmaban sus grafitis en una suerte de enorme lienzo en forma de cubo. El motivo de Héctor Sócrates llenaría de orgullo a todo un barrio. Con El niño de las moras titulaba el retrato de un hombre "humilde" que se ganó la vida en El Palo y "que no fue tan conocido como Picasso", ironizaba el artista.

La madrugada amenazaba de cerca y por la avenida Cervantes la procesión continuaba ajena al sueño. Dentro del Rectorado las colas para ver la exposición de arqueología hacían esquinas y, afuera, una curiosa propuesta llenaba el espacio. ¿En cual encajas? Arquitectura en la calle convertiría así el entorno en un hogar poliédrico. Desde la casa de los inmigrantes a la de los estudiantes, la de la familia adicta al Ikea, o la no casa del sin techo. En todas entraban, se sentaban y se fotografiaban sus invitados ocasionales.

Alrededor de La Catedral un concierto de piano acallaba a la muchedumbre, mientras en torno a La Alcazaba las colas para ver la muralla iluminaba rodeaban la calle Císter. Había gente de sobra y el pop en directo también conseguía su público. Durante ocho horas Málaga pudo acariciar el sueño de una ciudad europea de la cultura.

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