Sueños de realidad: del mito al escenario

  • El Ballet Flamenco de Sara Baras cuajó ayer en un Cervantes abarrotado un nuevo éxito merced a una lección de técnica

Como decía El Guerrita, hay gente pa tó. Anoche, mientras millones de españoles se quemaban las cejas en el cara a cara televisivo de Rajoy y Zapatero, más de mil personas llenaban el Teatro Cervantes para recibir, una vez más, a Sara Baras. Y, a día de hoy, creo que quienes fuimos a ver Carmen salimos ganando. Sara Baras es Sara Baras y ya no le debe explicaciones a nadie. Su fórmula es conocida, más cercana a las formas menos arriesgadas del flamenco de lo que a uno le gustaría, pero su solvencia técnica es tal que puede quedarse dos horitas enteras en la bulería dichosa y todo merecería la pena. El montaje, dividido en tres actos, recorre los hallazgos míticos de la mujer del XIX pero escarba en un sentido muy contemporáneo de la coreografía y el movimiento, superando felizmente las caricaturas pintorescas tan tristemente asociadas a lo que pretendió Mérimée. El tránsito del segundo número al tercero, que presenta a una Sara Baras intacta en una habanera de Joan Valent, produce un impacto que se gusta en la boca hasta el final del espectáculo. A partir de aquí, Carmen es lo de menos. Es el ballet de la gaditana el que encierra los duendes.

Carmen es, sobre todo, una oportunidad única para disfrutar de la perfección técnica del baile. El segundo acto, que transcurre en pleno duelo entre Sara Baras y José Serrano metido a torero, reúne todo cuanto puede contarse acerca de expresión, equilibrio, fuerza, sutilidad, ritmo y cuanto quiera aducirse al baile flamenco. Especialmente logrados son los balances entre los números en solitario (Serrano cortó las dos orejas), los dúos y las coreografías del cuerpo de baile, con unas hermosas sevillanas de Javier Ruibal que entran como bálsamo y compañía.

Más allá del baile, Sara Baras se revela indagadora e inquieta en su intuición escenográfica. Y aquí es donde más nos gusta: si Mariana Pineda apuntó maneras, Carmen se muestra mucho más acertada al jugar con los elementos justos pero de manera generosa. Las puertas, los márgenes iniciales (genial el plano cinematográfico del zapateado) y las proyecciones dicen sin estorbar. Sara Baras, presidenta.

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